8 de enero de 2016

CAPÍTULO 138: LOS MALOTES (Parte 2)


— Se te ha ido la pinza, Fer —dije, marchándome.
— No tienes que disimular, esto queda entre tu y yo. Anda, acércate y acaríciala, ya verás qué dura se pone—, dijo con un tono seductor brutal.
— Que no tío, que no me van los rabos. Me pirorespondí, saliendo de allí.
— ¡Maricón! ¡Se que te van los rabos! —gritó.

Afortunadamente, no había nadie que pudiera haber oído aquello. Había sido muy tentador. Una parte de mi ardía en deseos de haber cogido ese rabo a la orden de 'menéala', de haberle pajeado o de algo más. Pero la parte más racional se impuso pensando que hubiera sido mi final en aquel colegio. ¿Qué me esperaba? ¿Un final de trimestre lleno de amenazas? ¿De broncas? No, no quería eso para mi.

A la vuelta del recreo y en los siguientes días, parecía que aquella conversación en los baños nunca se había producido. Incluso había buen rollo y acercamiento. Para ciencias tocaba hacer un proyecto final juntos, en parejas, que ya había asumido que tocaría hacer en solitario, como el resto. Los profesores lo sabían perfectamente, pero decidían no hacer comentarios al respecto. La única diferencia es que este trabajo tenía que ser presentado oralmente para aprobar la asignatura. Y cuando pensé que me tocaría defenderlo a mí solito, la tarde antes me dice Fer:

— Bueno, ¿qué? ¿Habrás hecho el trabajo, no?
— Si tío, otra vez vas a aprobar por el morro —dije, con resignación.
— No te pases de listo. Vente esta tarde a mi casa, que mis viejos no están, y preparamos la puta mierda esta —dijo.
— ¿Me vacilas? —respondí, con incredulidad.
— Que no tío, que mi viejo me compra una moto si paso de curso, tengo que currármelo —dijo, absolutamente convencido de sí mismo.

Sabía perfectamente dónde vivía, porque su casa pillaba de paso hacia la mía cuando había que volver de clase. Fer vivía en una de las mejores urbanizaciones del barrio, de las más nuevas: unos bloques de edificios grandes, con pista de tennis, cámaras de seguridad y plazas de garaje. Se decía que allí vivían los 'nuevos ricos', esa gente que siempre ha sido de clase media-baja y que por suerte, tenían ahora un poco más de dinero que les encantaba restregar a los demás. 

Cuando llegué aquella tarde me encontré desubicado. Primero, tuve que llamar a su telefonillo para que me abriera la verja de seguridad, después tuve que volver a llamar para que me abriera la puerta de su portal y finalmente tuve que elegir entre 3 ascensores que llevaban a letras distintas. Acerté a la primera y llamé al timbre del 2ºA, que era su casa. En cuanto entré me di cuenta de que, efectivamente, la familia de la que procedía este chico era acomodada. La decoración, moderna sin pasarse, la calidad de los muebles, los electrodomésticos... Todo. La habitación de Fer, que iba en chándal y camiseta de manga corta, era casi como me la esperaba: más grande que la mía, con una cama de 90, pósters de chicas del Interviú y alguno de coches y de alguna moto. Debajo de la ventana tenía un escritorio con un ordenador y debajo emanaba un intenso calor, que procedía del radiador. Me ofreció un refresco de cola y acepté. Estaba hasta simpático y algo más comedido que en clase, y eso que estábamos solos en aquel piso.

Fer estaba más perdido que una aguja en un pajar. No sabía por donde coger eso de la 'presentación oral' y bueno, decidí dejarle las partes más fáciles que eran la instroducción, los ejemplos y la conclusión. A fin de cuentas, para esas tres cosas solo tenía que memorizar. Al cabo de poco más de una hora y media estaba ya el chaval agotado, mentalmente hablando. Propuso ir a relajarnos un rato al sofá del salón y allí nos apalancamos en frente de la tele, quitándonos las deportivas y quedándonos descalzos. Me di cuenta de que tenía el Canal Satélite Digital con un montón de canales que no dudó en enseñarme, sobre todo los de deportes, hasta que llegó a los canales premium. Estaban protegidos con una contraseña que, indudablemente, él conocía. Y decidió poner porno, hetero claro, que era el predominante entonces. Mientras veíamos y nos reíamos de aquellas escenas absurdas, Fer me contaba sus últimas peleas, y sus últimas aventuras con tías. Tetas por aquí, coños por allá, pajas por el otro lado... Hasta que preguntó. 

— Y tu, ¿qué, tronco? Nunca hablas de tías, ni de con las que enrollas en la Stop.

La Stop era la discoteca para adolescentes menores por antonomasia de la zona sur. 

— Bah, yo es que paso, tío, las tías te lías con ellas y luego se pillan y paso de relaciones —dije, riéndome.
 — Eso es que no te la han machado todavía, ¿eh? Con las ganas que tengo que me hagan una buena paja dijo, metiéndose la mano por debajo del pantalón.
— Pues háztela con la izquierda, que así parece que es otra mano —dije, quitándole hierro al asunto.
— Mira a la morenaza de la tele, vaya coño, se la metería hasta romperla —dijo, sacándose la polla del pantalón.
— Si está buena, sí —dije, para disimular, metiéndome la mano por debajo del pantalón.

Fer empezó a pajearse lentamente mirando a la tele y después mirándome a mi con una mueca. Yo me quedé prendado de su rabo, tan grande como parecía en su pantalón y más moreno de lo que me imaginaba. Y vaya par de huevos, como le colgaban en aquella pelambrera negra.

— Venga, tío, sácatela y menéatela conmigo. Es lo que hacemos los colegas —dijo Fer.

Y así lo hice. Me la saqué y empecé a pajearme, ante la mirada de Fer.

— Vaya tetas, ¿eh? ¿Qué le harías? ¿La reventarías? —decía, entre gemidos.
— Sí... —contestaba yo, sin entusiasmo.
— ¿O te molaría más coger esta? —preguntó, sentándose a mi lado.

No pude responder, ni afirmar, ni negar. Me quedé mirando a ese pollón, miré como se escupía en el capullo y lo frotaba con la mano. No me negué a que me acercara la mano a la nariz y me diera a oler de ese olor a rabo que tanto ansiaba... Y unas gotas de líquido
preseminal se me escurrieron de mi rabo por la mano, ante la escrutadora mirada de Fer, que bajó la vista por primera vez a mi polla y vio como chorreaba ese líquido transparente entre mis manos.

— Mariconazo... —susurró Fer al darse cuenta.

Seguí sin decir ni una palabra, sin poder quitar mi mirada de su polla. Dejé que me cogiera la mano y que, como un muñeco sin voluntad, la colocara cogiendo su polla:

— Menéala, sin brusquedad, así, así, despacio... —decía Fer, mientras mi mano pajeaba su rabo, duro y caliente.

El corazón me latía tanto que pensé que Fer era capaz de sentirlo, de sentir mi miedo y mi morbo, de ver el sudor cayendo por mi frente, de ver cómo mi polla no bajaba en dureza.

— Sí, tío, sigue, qué gustazo, joder... Haz lo que quieras con ella, ¿eh? Si te apetece hacer otra cosa...—sugería, cada poco tiempo.

No podía evitar mirar su polla y humedecerme los labios. Tras hacerlo sin remedio dos o tres veces, Fer se dio cuenta y quitó su mirada de la televisión para mirarme a mi:

— ¿Quieres ver cómo sabe? —dijo, restregándose un par de dedos por la punta del capullo, recogiendo la rebaba y llevándomela a la boca.

Asentí. Lamí sus dedos como quien lame un chupa chúps y saboreé aquel sabor a polla y a sexo.  Fer me volvió a colocar mi mano derecha en su enorme polla dura:

— Pájeame, más rápido, sí... cógela con fuerza, pajea...Espera, para —ordenó.

Me quedé mirándole con cara de póquer esperando la siguiente instrucción. No dijo nada, simplemente se pegó aún más a mí y dijo:

— También te tendrás que correr, ¿no? Mira a la morena, como se la meten —dijo, mientras con su mano izquierda cogía mi polla y me la pajeaba.
— O mira mi rabo. Haz lo que te apetezca con él, si quieres hacer otra cosa, esto no sale de aquí —insistió de nuevo, susurrándomelo a la oreja.

Me recosté en el sofá mientras ambos nos pajeábamos mutuamente y nuestros brazos se chocaban de forma contínua. Me corrí pocos segundos después sin prestar atención a la película, solo viendo cómo mi mano pajeaba aquel rabo que ardía. Fer se corrió poco después, mirando la peli extasiado, de forma mucho más abundande y espesa que la mía. 

— Qué asco chaval, la próxima me avisas, que me has pringado toda mano —dijo, levántandose hasta el baño.

¿La próxima? ¿Es que iba a haber una próxima vez vez? Mientras Fer estaba en el baño, yo me había quedado allí sentado, espatarrado, con la polla súper dura pese a haberme corrido, la cabeza recostada en el sofá y pensando en lo que acababa de suceder. Pensando en que me habría encantado chupársela, pero diciéndome a mí mismo que había hecho bien en no hacerlo, porque total, Fer había dicho antes que esto lo hacían los colegas. Dudo que los colegas se chuparan las pollas, pero pajas, sí, eso ha pasado siempre desde que el mundo es mundo. 

— ¡Ahí va! Se escuchó desde el baño.

Un rollo de papel higiénico me impactó en la cara sacándome de mi ensimismamiento.

Terminamos de preparar el trabajo y me fui a mi casa. La exposición oral no salió del todo mal al día siguiente y de la paja no se volvió a hablar. No hubo comentarios, ni malos rollos, ni referencia alguna a lo que allí había pasado.

Llegados a este punto de la historia, ¿todavía no os preguntáis por qué no he contado esta historia antes, si va después de la del Peque y antes que la del Cata?

Pues sí, me temo que tendréis que esperar a la continuación de la historia.   


11 comentarios:

  1. Como he empezado a leerte hace poco no sé que posts hablan del Peque.

    Qué recuerdos me ha dado tu post, sólo que mi Fer se llamaba Luis y en lugar de en su casa íbamos al almacén de la tienda de su padre.

    Abrazotes.

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    1. Tienes toda la razón. Normalmente suelo poner enlaces, pero esta vez se me ha olvidado. Te dejo las más importantes para entiendas mejor la historia:

      - El Peque (anterior a esta historia): http://diariodecruising.blogspot.com.es/2014/03/capitulo-57-el-peque.html
      - Mi Primera Vez (Historia con "El Cata", posterior): http://diariodecruising.blogspot.com.es/2014/05/capitulo-76-mi-primera-vez-parte-1.html

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    2. Veo que tú también fuiste bastante precoz jajajaja. Además me pasa igual a ti, al ser muy alto y de rasgos marcados siempre he aparentado más edad y podia mentir como un cabrón sobre mi edad que no se coscaban de primeras.

      Abrazotes.

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  2. Woah, woah. Me ha gustado y a la vez me he quedado un poco "decepcionado" pero ahora veo el por qué... ¡¡CHAN-CHAN-CHAN, CHAAAAAN!! Jajajajaja, la verdad que no me acuerdo qué paso exactamente/hiciste con el Peque y el Cata xD. Me relEeré las historias para la siguiente entrada :).

    Un abrazo, Marcos, y gracias.



    James

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  3. Te llevo cual corderillo hipnotizado a la cueva del lobo "FER"oz, jejeje...
    Pero se comportó, y luego seguro se comportó como coleguita, y luego hubo segundas y terceras partes... Ummmm :-)
    Morboso como siempre.

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    1. Conmigo hubo una parte más que os cuento en la siguiente entrada, pero de ahí ya nunca más volví a saber de él, salvo que se casó y tuvo churumbeles ;)

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  4. Esto engancha cosa mala... Es como las series aquellas que acababan con un "continuará" y te dejaban con toda la intriga hasta el siguiente capítulo.
    Lo tuyo es morbo puro, Marcos, ojalá yo escribiese como lo haces tú.

    Saludos.
    Pablo G.

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    1. Pablo, pero si tú escribes muy bien también!

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  5. Excitante. De los mejores Marcos. Y repito, Por qué a mi no me pasó ? ajjajajaa

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  6. Por cierto Marcos, de las ultimas tres en entradas de tu blog no me había enterado, pues no recibí ninguna notificación al mail como hasta noviembre. Ha cambiado algo? Un saludo!!!

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    1. ¡Hola Jesús! Pues que yo sepa nada ha debido de cambiar, lo miraré a ver si hay algo de lo que no me haya dado cuenta, pero todo debería de seguir como siempre. Trata de suscribirte de nuevo, por si acaso. ¡Un saludo!

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