23 de octubre de 2018

CAPÍTULO 171: BBUSCANDO


Do you know how much you want it? 
You're trying to be cool about it 
You're trying to big about it 
You're constantly just denying 
You're like a moth to a flame. 
You hardly wane 
But listen 'cause I know what I'm saying 
He's trying to catch you in it 
And then he'll back you in it 
Cause he's just another addict 
And if you give it away,  
you've gotta be crazy.




Múltiples fueron las razones que me llevaron, o me obligaron, a detener las actualizaciones de los capítulos. Más allá de lo contado en la última publicación, también existieron razones personales basadas en decepciones, desengaños y una profunda autorreflexión sobre la vida que estaba viviendo. Y es que cuando uno comienza a compartir con amigos de confianza las hazañas y vivencias del mundo del cruising se da cuenta de que no todo el mundo lo comprende. Al principio, todo son caras de asombro, cierta incredulidad. Estas pasan a ser a ser caras de comprensión y aceptación, de cara a la galería, de una situación que la gente no está habituada a compartir. Sin embargo, detrás de este baile de máscaras, cuando se nos quita la tontería de mentir para aparentar ser súper piji-progres, es otra realidad la que habla: guarro, vicioso, puta... Seamos serios: ¿cuál es la diferencia entre ligarse a uno o dos en una discoteca cada fin de semana y hacer lo mismo en una pinada de playa? Como me dijo un amigo de verdad: nada de malo hay en lo que se hace libremente, no causa perjuicio a nadie y se hace con cabeza.

Hoy quiero compartir con vosotros una de las últimas experiencias que tuve en la pinada del Rebollo que me llevaron a realizar una profunda reflexión sobre lo que estaba haciendo con mi vida. Nos vamos de vuelta a la Semana Santa de 2017: cayó a mediados de abril y, al menos en la zona de Levante, el tiempo fue bueno para la época: días soleados, con temperaturas cercanas a los 25º y el horario de verano que facilitaba días más largos. Llegué a la zona el primer sábado de la semana. Fue un viaje bastante agradable que realicé como conductor de Bla Bla Car: llevé a una pareja joven conmigo, viajaban a Torrevieja, y tuvimos una conexión buena que nos permitió ir hablando durante las casi 5 horas que dura el trayecto. Dediqué el primer fin de semana a hacer unas pequeñas reparaciones en casa, visitar amigos de toda la vida y rematar desde el portátil unos asuntos que me habían quedado pendientes en el trabajo. 

El lunes amaneció un día absolutamente espectacular: ni una sola nube en el cielo azul, mar en calma, ligera brisa agradable y 22º. Bajé al mercado a comprar algunas cosas y me preparé un bocadillo de tomate con jamón ibérico, una botella de bebida isotónica sin azúcares y un plátano. Sí, me iba a pasar el día al Rebollo. Llegué en apenas diez minutos, aparqué el coche en la urbanización Costa Bella y en vez de adentrarme por la pinada, bajé por la carretera principal hasta salir a la playa. Me apetecía disfrutar de ese camino y de aquel olor a pino que lo invadía todo, provocado por las lluvias de la semana anterior. Una vez en la playa me quité la camiseta y el bañador largo para quedarme tan solo con unos tipo speedo. Me di una buena caminata hasta la desembocadura del río Segura, volví sobre mis pasos y me tumbé al sol en la zona gay, ya sin ninguna prenda de ropa sobre mi. No había mucha gente, a fin de cuentas era día laborable. Los jubilados de siempre, alguna pareja madura y gente paseando por la orilla (y echando un disimulado ojo a quienes estábamos tumbados con nuestros atributos al sol). Llegado el mediodía fue apareciendo algo más de gente, lo bueno que tiene esta playa es que mientras haga buen tiempo siempre hay chicos. Me di un baño rápido, el agua estaba helada, y me volví a tumbar al sol para secarme. Le pegaba bastante, así que decidí meterme a la pinada para comerme el bocadillo a la sombra de algún matorral.

Entré por la zona del robusto arbusto de las dunas que sirve como baño público (muchos tíos mean ahí ante la ausencia de otros lugares para hacerlo) y comí en la zona baja. Suelo comer rápido, es una costumbre. Miré el móvil un rato mientras hacía algo la digestión, me puse de nuevo el speedo y salí a dar una vuelta por toda la pinada y la zona más frecuentada de cruising. Llevaba un tiempo sin follar y sin morbo, así que solo el hecho de caminar por allí y la expectativa de encontrar a alguien ya me la ponía morcillona y me obligaba a meterme la mano en el paquete para colocarme el rabo de la forma más sugerente posible. Pasaban las tres de la tarde y la verdad es que no había mucho meneo: los típicos extranjeros del norte que están siempre tomando el sol por la zona de debajo del mirador, algún maduro a la sombra, un par de parejas treintañeras dando vueltas y tres chubbies. ¡Ah! ¡También estaba pajilleitor sentado en su sitio! (Los de la zona ya sabréis de quién hablo, los demás, esto da para otro capítulo). Subí al altillo a contemplar las vistas de toda la pinada con el mar de frente y vi algo que me llamó la atención: un chico alto, de unos 32, fibrado, pelo liso y un poco como DiCaprio en Titanic, con mochila a la espalda y lo que parecían ser unos calzoncillos tipo slip blancos. Lo mejor que había por allí hasta el momento. Así que bajé por el sendero del altillo en su busca. 

Me fue difícil encontrarle. Es un sitio tan grande que cuando hay poca gente se complica encontrar a alguien en concreto, a saber en qué recoveco de la pinada se habría metido. Hasta que al fin di con él en una de esas estancias sombreadas que se hacen a izquierda y derecha de los caminos principales. Estaba sentado en su toalla curioseando su teléfono y se había quitado los calzoncillos blancos, que descansaban sobre su mochila. Me paré delante de él y recuerdo haber tenido envidia del bonito moreno que tenía y haberme fijado en el tatuaje de su brazo. Cuando se percató de mi presencia, estaba realmente embelesado en su pantalla, me miró con detenimiento de arriba a abajo, se esbozó una pequeña sonrisa en su cara y... siguió a lo suyo. Me lo tomé como una señal de falta de interés, así que sigilosamente me marché y me dirigí de nuevo al mirador, donde me tumbé a seguir tomando el sol en bolas.

Se que me quedé dormido, lo que no recuerdo es cuánto tiempo. Me despertó una tos de estas que se hacen para hacer saber que estás ahí y quieres obtener la atención de alguien. Abrí los ojos y a través de mis gafas de sol le vi: estaba de pie, a unos 2 metros de mi, con su mochila al hombro y mirando tanto a la pinada como a mi. Tenía un cuerpo muy bonito: fibrado y marcado, pero sin exagerar. Buen culo y un rabo proporcional a sus medidas. Al darse cuenta de que le miraba dejó con cuidado la mochila en un matorral y se pasó la mano con sensualidad por su torso y culo. Y si ya de por si me despierto morcillón, al ver aquello se me puso dura casi al momento. Sin mediar palabra se acercó, se arrodilló y empezó a chupármela con absoluto deleite. Debe ser que se tomó mi empalmada como
una auténtica señal. Yo, desde luego, me dejé hacer. La chupaba con detenimiento, suavidad, muchísima saliva, tanta que se le escapaba y me estaba empapando los huevos. De vez en cuando, bajaba a las pelotas y también me las lamía y jugaba con ellas. Así que allí, bajo aquel sol, mi mirada fijada en aquel cielo azul, su lengua húmeda recorriendo mi rabo y mi mano en su cabeza marcándole el ritmo era lo más parecido a estar en el paraíso. Lo cierto es que pocos tíos se paran a chuparte la polla tan bien en estos sitios, donde normalmente todos van con prisa. 

Me di cuenta de que se me empezaban a escapar las primeras gotas de líquido preseminal, así que tirando con suavidad de sus hombros le tumbé encima de mi, me quitó las gafas y empezamos a morrearnos. Su mano derecha siempre en mi rabo, pajeándolo, y con su izquierda, guió a mi derecha hacia su culo. Los roles estaban claros. Le tuve que susurrar un par de veces que parara de pajearme o me iba a correr. Le sobé el rabo un par de veces, pero noté que no era lo que más le apetecía, de modo que volví al culo. Metí mi dedo índice en su boca, me lo lamió con ansia y de ahí a su culo. Entró con asombrosa facilidad. La siguiente vez que quise lubricarlo pude notar que olía muy bien, seguramente a toallita húmeda o jabón, lo cual me gustó.

- Tío, para de pajearme, que me corro -le dije.
- No, no. Quiero que me folles antes de correrte -dijo él, con acento murciano. 
- Tienes muy buen culo, tío -le respondí. 
- Quiero que me la metas toda, hasta el fondo -respondió. 

Mientras con una mano trataba de coger mi mochila, abrir el bolsillo de arriba y coger un condón, él escupía mi rabo, se ponía en cuclillas y jugaba a pasarse mi capullo por su agujero. Aquello me estaba excitando aún más. No lograba encontrar el condón, cuando noté que mi rabo estaba entrando, ya hasta la mitad en su culo. Le miré y le dije que esperara un momento, pero me cogió de las manos, las quitó de la mochila, se sentó en mi rabo y lo empezó a cabalgar. ¿Es que no me gustaba? Claro que si: notar mi rabo abriendo aquel culo sin nada de por medio era una puta gozada. Y hubiera seguido si el que tuviera encima de mi hubiera sido Sergio. Pero no lo era. Así que le dije de nuevo que parara, que estaba seguro que tenía un condón a mano: 

- Venga, no cortes el rollo, si ya está dentro -dijo. 
- Ya tío, pero prefiero follarte con condón -insistí. 
- No me jodas, venga... puedo ver en tu cara que te mola -dijo con sensualidad, a la vez que cabalgaba despacio. 
- Que no, joder, ¡que no! -exclamé. 

Y lo más suave que pude, le di un pequeño empujón y lo aparté de mi, sacando mi rabo con brusquedad de su culo: 

- O terminamos esto con condón o no terminamos -le aseveré. 
- Pues no terminamos, no es lo que busco -dijo, con firmeza. 
- Pues entonces, adiós. Que estaba muy agusto aquí a mi rollo -respondí. 

Resopló ligeramente mientras se ponía de pie, cogía su mochila y sin mirarme, se marchaba sendero abajo. ¡Ay que joderse!, pensé. No se me había bajado el empalme pese a todo, así que me puse de pie, me hice una paja y me corrí. Ya no tenía ganas de nada más. Me limpié, me puse el speedo y me tumbé boca abajo mientras me comía el plátano y miraba el móvil. 

Sabéis que no soy mucho de apps de ligue, pero las tengo como casi todo el mundo. Y entonces lo entendí todo. Era el perfil de Grindr en línea más cercano que tenía, no se le veía la cara, pero si su inconfundible cuerpo y el tatuaje de su brazo. No había lugar a dudas: ese perfil era el murciano con el que había estado liándome. 

¿Y cuál era su nick? 'BBuscando'. 

Claro. Pero injusto. BB = Bareback (a pelo). Lo suyo hubiera sido que me lo hubiera comentado, que no todos nos pasamos el día en las apps analizando y recordando todos los perfiles que tenemos alrededor. 

Aquel hecho, sin importancia para algunos, condicionó mis vacaciones. ¿Y si había pillado algo? Es un chico con buen físico, seguro que no tiene problemas para follar con unos u otros. Y ahí el riesgo se multiplica. Comencé a darle vueltas, cogí mis cosas, me marché, me monté en el coche y me dirigí al Hospital de Elche. Estaba preocupado, ya por más cosas que se iban acumulando. Y fue una reacción impulsiva. Me atendieron muy bien, incluso tras explicarles por qué estaba allí, sin prejuicios. El doctor que me atendió me explicó que las pruebas de ETS y VIH ahora no tenían sentido porque había que esperar el periodo ventana, pero me explicó todo acerca de un tratamiento llamado PPE (Profilaxis Post Exposición), incluido en la Seguridad Social, y que tenía que seguir durante 28 días. Que veían poco probable la transmisión de nada, pero que había que preveer. Me advirtieron de los efectos secundarios y me recomendaron no tener sexo durante, mínimo, un mes. UN MES. 

Un mes en el que tuve tiempo de pensar en muchas cosas. Y aunque no hubo consecuencias, afortunadamente, comencé a detestar un mundo que tan buenos momentos me había dado, que tan bien me lo había hecho pasar. Comencé a odiar el que hasta entonces había sido mi remanso de paz y lugar de morbo. 

Comencé a preguntarme si no sería hora de ponerle fin.

10 de septiembre de 2018

CAPÍTULO 170: LOS AMIGOS QUE NUNCA FUERON. LAS RAZONES DE MI AUSENCIA.




Ando siempre con extraños, 
la corriente lleva al mar y me iría con cualquiera 
de aquí a la eternidad. 
Si el verano fue una playa, el invierno fue un cuartel 
pero la vida no engaña todo es la misma piel. 
Y eso que cuando apareces 
se desvanece el dolor y no necesito a nadie porque sé, 
que como todas las noches nos perderemos los dos 
buscando algún paraíso artificial. 
(Dorian - Paraísos Artificales)




La gente se sorprende cuando, tras conocerme, averiguan que no conservo demasiados amigos de mi infancia, juventud o simplemente de mi pasado. Se sorprenden, arquean una ceja o muestran una expresión facial de cierta preocupación. A mi nunca me ha preocupado lo más mínimo. Tenemos el concepto de amistad demasiado difuminado en una sociedad que prima tener cientos de contactos inútiles en las redes sociales. Así que sí, es cierto, no conservo demasiados amigos de la infancia, los cuento con los dedos de una mano, pero se que los están son amigos en todo el concepto de la palabra.

A DiarioDeCruising tengo que agradecerle muchas cosas. Lo comencé hace 5 años por estas fechas, comenzaba una nueva etapa de mi vida laboral y el estrés que sufría me hizo llevar a cabo una idea que siempre había rondado mi mente: la de plasmar en algún sitio todas mis vivencias personales y sexuales de los últimos años. Escribía de forma desenfrenada. Escribir se convirtió en una vía de escape, las manos iban al teclado y mi mente dejaba de pensar en todo lo demás. En realidad fue como una terapia. Tuve los primeros 50 capítulos escritos en menos de 3 semanas y ello favoreció la periodicidad de publicación. A veces un nuevo recuerdo se metía en medio, a veces Sergio y Dani tardaban en darme sus correcciones de todas mis memorias, pero ahí estaba. La constancia marcaba.

Y el éxito llegó. La primera semana que publiqué pensaba que el blog duraría dos días, pero las visitas aumentaban, los comentarios, los e-mails, los privados, las ofertas... Todo. Incluso durante este año y medio de parón las visitas han mantenido una tendencia constante. Asombro absoluto para mi. Sin embargo, con el éxito llegaron los problemas. Ir de cruising por mis lugares habituales empezó a ser complicado: todos querían averiguar quién era Marcos, quién escribía el blog, quién ponía esos motes, quién contaba las intimidades del Rebollo y del Moncayo. Incluso me sometían a peculiares trampas por apps de ligoteo. Sí, nunca me veréis renegar de usar Grindr o Wapo. Veo muchos perfiles de influencers de Instagram de chicos que dicen: "bah, con mi físico no necesito usar esas apps", como renegando de ellas, y luego resultan ser los mismos a los que ves en saunas o en los lugares más sórdidos. Volviendo al tema, todos querían saber quién era Marcos. Y yo nunca me oculté en exceso. Hice muchos amigos en la playa, gente que conocía de vista, pero nunca habían dado la cara. Gente que se te presentaba con la mejor de sus sonrisas. Nunca en mi vida me han invitado a tantas barbacoas, piscinas, fiestas privadas, barcos, veleros, coches, discotecas, chalets... En serio. A Dani, Sergio y a mi nos parieron los amigos. Me daría para empezar un nuevo blog solo para contar lo vivido entre 2014 y 2016.

¿He usado la palabra 'amigos'? Qué error. Debería de haber usado conocidos o simplemente interesados. ¿Por qué? Pues porque todos, salvo una clara minoría, esperaban algo a cambio de todas aquellas inocentes invitaciones. Querían sacar algo de nuestra amistad y ese algo era sexo. Al final, todos intentaban follar con nosotros de una manera u otra. Y ojo, hemos echado unos polvos increíbles con chicos de físicos espectaculares. Y con nuestros rechazos (perdón, pero por escribir el blog no quiere decir que me tire a todo hombre que me cruce) nos fuimos ganando fama de engreídos, rancios, estirados, de mirar por encima del hombro, creernos dioses y un largo etcétera. Los mismos que nos amaron, los mismos que se acercaron, que nos invitaban a mil cosas, empezaron a ser los mismos que empezaron a tratar de destruirnos. Ellos tenían la sartén por el mango, al fin y al cabo son de la zona de Alicante o Murcia y se pasan en el Rebollo todo el año, crean sus grupos, tienen oportunidades de conocer a más gente y más oportunidades de ponerles en tu contra y crearte una fama falsa:

- Pues ten cuidado con ese, si le ves en los pinos pasa de el.
- ¿Ves a aquél? Pues pasa el VIH, así que aléjate.
- Mira a esos tres: son violentos y chulos, no te acerques.

Y esos comentarios que nos dedicaban son de los más suaves. Así es buena parte del colectivo: sumamente destructiva, incluso usando temas como tan sensibles como el del VIH. Podría deciros que nunca nos importó, pero aquello es como un pequeño pueblo en el que todos los cuchicheos pasan a ser los rumores y los rumores pasan a ser verdades. Los 'me han dicho' y 'me han contado' instauran pasados que nunca sucedieron. Y ahí comienzas a tener problemas para ligar y conocer gente. El ambiente se vuelve hostil y empiezas a coger manía a ese lugar que tantos buenos momentos te ha dado. Y esa manía te acaba haciendo escoger otros destinos y pasando veranos alejado de la playa de tu vida. 

He estado dos años haciendo muy escasas apariciones por el Rebollo. Cuando me decidí a dejar esto atrás y continuar con el blog llegó la denuncia. Si, ahora puedo explicarlo sin temer perder juicios: El Cata me denunció por una de mis últimas publicaciones que hacían referencia mi pasado con el: intromisión al honor, vulneración de privacidad, injurias... Cabría preguntarse qué estaría buscando en internet para dar con mi blog. Curioso. Hubo dos juicios: el primer juez no admitió la demanda a trámite, la segunda jueza y sustituta del primero si lo hizo y lo perdí. Recurrimos y lo gané. Apelaron y lo perdieron. Esa es la historia corta de detalles judiciales con los que no os quiero aburrir. Y es en buena parte la responsable del parón de este blog, que no estaba destinado a parar durante tanto tiempo. Me aconsejaron cerrarlo, borrar todo, destruirlo. Pero siempre me negué. El objetivo de este blog es el de compartir mis vivencias y todos los nombres son falsos, como ya os he contado muchas veces, trato siempre de preservar la intimidad de quienes aquí aparecen.

Este verano he vuelto al Rebollo. Este verano hemos vuelto al Rebollo. Un nuevo Rebollo. La chupipandi que inventó tantas falsas historias sobre nosotros está destruida: cada uno va por su lado y se dedican algún 'hola' descafeinado. Hemos conocido a muchísima gente agradable y recuperado viejas amistades. Hemos recibido disculpas y percibido un buen rollo que hacía tiempo que no sentía.

Hoy es un buen día para volver. Si me aceptáis, claro. 

29 de julio de 2017

LIMPIEZA PLAYA DEL REBOLLO


Esta preciosa pinada que tan buenos momentos nos da, se encuentra llena de plásticos, basura y otros residuos (condones, botes de lubricante, toallitas...) que nadie se preocupa por recoger. ¡Hay que cuidarla señores! 

9 de abril de 2017

CAPÍTULO 169: EL LECHERO

Mientras recordaba con Sergio mis historias del pasado con el Mili y aquella tormentosa relación que acababa de empezar, bonita y apasionada como todos los comienzos románticos, el verano continuaba y resultaba que al no haber coincidido las vacaciones como en años anteriores, apenas teníamos unos días para salir de caza.

Respondiendo a preguntas que me dejáis en comentarios o me mandáis por privado, sí, claro que Sergio y yo follamos en casa, en el sofá, en la cama, en un sitio de cruising o donde surja, pero a no ser que algo destacable pase, tampoco me parece de interés relatar los polvos que echo a diario con Sergio o las fiestas que, aún hoy en día, nos montamos con Dani. Eso sí, lo que de momento no nos acaba de convencer son los locales de sexo que tan de moda parecen estarse poniendo, creo que no es algo para nosotros.

Total que una de estas mañanas que amanecen frescas y despejadas, aunque más tarde el sol pegue de lo lindo, Sergio se levantó con ganas de marcha. Y a mi eso de que me aparezca desnudo en el quicio de la puerta, a media luz, sobándose el rabo me pone muy burro (y ya de por sí me levanto burro siempre). Le hice una señal para que pasara y se metiera en mi cama y comenzamos a sobarnos los rabos mientras nuestras lenguas batallaban dentro de nuestras bocas. Me bajé a mamársela, pero me encontré con una sorprendente negativa:

- Ahora que ya estás a tono, ponte un bañador, una camiseta y unas chanclas, que nos vamos al Rebollo. Tengo ganas de que me la chupes a la vez que te comes otra.

Me dejó aún más sorprendido porque Sergio nunca ha sido el típico chico lanzado, más bien al contrario, más reservado y tímido, de tener que ir siempre detrás suya.

- ¿A estas horas? -contesté, mirando el reloj y viendo que aún no llegaba a las 10.

No tengo que decir que con el calentón que llevaba me costó un triunfo meter el rabo en el bañador, así que busqué un pantalón corto de algodón y me lo puse encima. Me mola marcar paquete, pero solo donde hay que hacerlo. Una vez estuve preparado, Sergio me esperaba ya abajo con el coche en marcha. ¡Si hasta iba a conducir el! Pues sí que tenía ganas de morbo, sí. A pesar de que la chispa nunca nos ha faltado, notaba que desde que había empezado en el trabajo nuevo el sexo entre nosotros dos era más intenso y tal vez algo más fuerte y menos romántico; no es que eso fuera un problema, para nada, pero si un cambio del que me di cuenta.

Aparcamos en el Rebollo sin problema. Los domingos de verano se suele poner hasta arriba, ya que aparte de los veraneantes también aprovechan para ir a la playa la gente que vive en los pueblos del interior de la Vega Baja. Al ser pronto, como digo, aparcamos bien, dejamos la camiseta y los pantalones de algodón en el maletero y entramos al Rebollo por la pinada, en vez de por el camino asfaltado, de esta forma salíamos directamente a la zona de cancaneo. Por los primeros matorrales y arbustos, en la zona donde hay palmeras, el pino es más alto y hay más zonas de sombra, nos encontramos con una orgía en la que participaban unos seis hombres maduros, de entre 50 a 70 años. Estaban colocados como en círculo y unos se la chupaban a otros, otro comía culo y había un par que ya estaban follando. Nos quedamos mirando unos segundos y nos invitaron a participar en su fiesta, pero declinamos la invitación y seguimos nuestro camino hasta la zona que suele estar más concurrida. Como todas las mañanas a primera hora había muy poca gente y lo poco que había era demasiado maduro para nuestro gusto. Ya sabéis que no rechazo a los tíos por la edad, pero ya a partir de determinados años no encuentro el morbo. El ánimo empezó a caer al ver que no encontrábamos nada ni nadie con quien jugar un poco. Vimos, como un rayo de esperanza, a un chico de unos 35 años, rubio, con aspecto nórdico aunque bronceado, buen cuerpo y guapo. Nos miró, le molamos, se acercó y nos echó mano al paquete. Yo ya sabía lo que aquello significaba, pero por si había alguna duda, habló:

- ¿Os la puedo chupar a los dos? Estáis buenos...-dijo en un susurro.
- ¿Sólo buscas mamar? -le dije.
- Sí, soy mamón pasivo -contestó.
- Pues me parece que no nos vamos a entender. ¡Suerte!

Y con esas cogí a Sergio de la mano y seguimos nuestro camino. No sabéis lo harto que estoy de que en los sitios de cruising cada vez haya más tíos que solo buscan comer polla sin que tu les puedas tocar. ¡Activos! ¡El Rebollo os necesita!

En vista de la situación le dije a Sergio que sería mejor irnos un rato a la playa y volver a intentarlo más tarde. Salimos a las dunas camino de la playa cuando nos dimos de bruces con un chico que llevaba un bañador surfero blanco, camiseta sin mangas y gafas de sol. Tendría también unos 35, delgado, cuerpo normal, moreno, de 1,75 de altura, con barba de tres días y vello en general. Le molamos porque nada más vernos se llevó la mano al paquete y empezó a sobárselo, cruzamos miradas varias veces y se colocó detrás de un seto. Sergio no perdió el tiempo y salió disparado, le seguí y cuando llegué ya le estaba sobando la polla al chaval del bañador blanco.

La polla no, el pollón. Grande, de unos 18-19 centrímetros, gorda y con buen capullo.

- Tengo muchas ganas de dar rabo chavales... -dijo el tío.

Así es como me gusta. Con decisión. Con ganas de dar polla y nosotros de recibirla.

Sergio se arrodilló en la arena, le bajó el bañador a la alturas de los tobillos y empezó a comerle el rabo con auténtico frenesí. Mientras, el tío me sobaba el pecho y me metía la mano por el bañador sobándome el culo y buscando mi agujero. Decidí facilitarle las cosas quitándome el bañador, lo que el aprovechó para pajearme un poco y yo para ponerme de rodillas y mamarle aquel pollón con Sergio. Estaba deliciosa, para qué negarlo, de estos pollones que podrías comerte todos los días con placer. Y al tío le ponía burrísimo tenernos a los dos de rodillas lamiéndole el rabo y las pelotas.

Pasados un par de minutos, se metió un par de dedos en la boca y ladeándose buscó de nuevo mi culo y empezó a meterme los dedos. Y,  a un servidor, que estaba cachondísimo desde primera hora, no me hizo falta mucho para dilatar como pocas veces he hecho. Al darme cuenta de que no perdía el interés por mi culo, dejé a Sergio comiendo polla y me puse al lado del tío, con las piernas semiflexionadas. El tío gimió, se llevó los dedos a la boca y esta vez me metió tres, despacio pero con decisión. Sabía lo que se hacía, esos son los tíos que me me molan y me ponen caliente. Sacó su polla de la boca de Sergio, me presionó con fuerza la espalda para me agachara, y me la estuvo rozando por mi agujero hasta que me metió el capullo, a la par que pajeaba a Sergio con la mano que tenía libre. Le eché una mirada desafiante al notar que tenía la intención de follarme a pelo, pero se pronunció antes de que pudiera decir nada:

- Ahora me pongo el condón, tranquilo - dijo.

Echó mano al bolsillo de su bañador, rompió el envoltorio con soltura, se colocó la goma y me volvió a meter el capullo y algo más, pero no entera, parecía que meterla así le bastaba y a mi me estaba resultado de lo más placentero.


- Clávamela más si quieres tío -le dije.
- Me mola así -dijo, metiéndola solo un poco más.

En ese momento dejó a Sergio de lado, pasó su mano derecha por mi cintura y me empezó a pajear mientras me follaba con su capullo. Teníamos ya varios espectadores alrededor cuando le dije que me corría.

- Sí, enséñame la leche que echas... -dijo.

Me la clavó un poco más, sin llegar a meterla entera en ningún momento y sin soltar mi polla, y me corrí como una jodida fuente de leche formando borbotones de arena al caer e impactar contra el suelo. El tío no dejaba de mirar cómo me corría, incluso sacó su polla y adelantó la cabeza para ver los últimos coletazos de mi corrida a la par que se pajeaba.

- Espera, que de eso me encargo yo.

Le cogí la polla con una mano y la de Sergio con otra y les empecé a pajear a los dos a buen ritmo. Sergio se corrió primero y, de nuevo, el chico este se quedó embelesado mirando cómo se corría. Pocos segundos después empezó a correrse el.

No sabría cómo describirlo. Me entró la risa. Es que fue surrealista. Jamás en mi vida he visto corrida similar, era un no parar de echar leche, no muy espesa, pero sí muy blanca. Chorro va, chorro viene. Y que no paraba. Y el chaval venga a gemir. Ahí fue cuando me entró la risa, pero es que aún estuvo otros 15 segundos echando leche. Eso sí que era una fuente. Lástima que no llevara el móvil encima porque le habría hecho una foto a cómo se quedó la arena para que vierais de lo que hablo.

Le pedí disculpas por la risa y le expliqué el motivo, a lo que respondió que estaba acostumbrado a la sorpresa, que siempre había sido muy lechero y que la gente suele flipar con sus corridas.


Como suele ser habitual en este tipo de encuentros, nos limpiamos sin mucha conversación, chocamos las manos y cada uno tiró por su lado. No le hemos vuelto a ver por allí, pero no me importaría nada en absoluto que en un hipotético encuentro futuro me bañara con su leche. 

20 de febrero de 2017

CAPÍTULO 168: LA ILUSIÓN POR UN PRIMER AMOR (Parte 2)

If you could read my mind love,
What a tale my thoughts would tell.
Just like a paperback novel,
The kind the drugstore sells.
And when you reach the part where the heartache comes
The hero would be you.
Heroes often fail.

Di un salto a la cama haciendo un poco el ganso y Mili me atrapó entre sus brazos como quien coge un peluche de un puesto de feria. Quedé rodeado por sus fuertes brazos y su cuerpo caliente y sudado, mientras él terminaba de encender el portátil y me preguntaba acerca de las películas que me gustaba ver. Lo cierto es que siempre he tenido un gusto bastante variado en lo que concierne al cine, no me cierro a ningún género siempre que la película valga la pena y, aunque en el presente estoy pasando por una etapa de ver muchas más series que películas, en aquella época solía ver bastantes películas cuando tenía tiempo o un rato libre. Me enseñó una carpeta con cientos de películas y le dejé elegir. "Algo que esté bien y con lo que no nos durmamos", le dije, aunque a esas horas de la noche podría ser complicado. Me di cuenta de que en su colección de cine apenas había cine español, que no es que sea un gran seguidor del mismo, pero fue algo que me llamó la atención.

- ¿Qué te parece Studio 54? -dijo.

54 es una película que no podía rechazar. La había visto años atrás con mis compañeros del instituto en los cines de mi ciudad y me enamoré de Ryan Phillippe nada más verlo, empezando una cruzada para ver otras películas suyas. La película, que refleja el comienzo de la decadencia de la popular discoteca neoyorquina, es todo un escaparate en el que deleitarse con la belleza y musculatura del rubio actor. Además, también cuenta con buenas interpretaciones a cargo de actrices como Salma Hayek o Neve Campbell. Si hubiera sabido en aquel momento de lo profética que resultaba la canción central de la película, cuánto sufrimiento habríamos ahorrado.

Mili apagó la luz nada más dar comienzo la película y, como si se tratara de ayer, recuerdo aquella habitación oscura con pequeños destellos de luz de la calle que entraban por los diminutos agujeros ovalados de la persiana. No se cuánto metraje de la película llegamos a ver sin distraernos, pero como entenderéis, dos cuerpos semi desnudos que se desean pegados en una cama, querían hacer de todo menos ver aquella película. Sentir a Mili detrás mía con su fuerte brazo abrazando mi pecho y su respiración pausada en mi nuca empezó a ponerme nervioso. Sí, solía ponerme bastante nervioso cuando me iba a liar con un tío por primera vez. Por miedo a que por medio de la mano que tenía en mi torso notara lo acelerado que empezaba a ponerse mi corazón, me acurruqué un poco más haciéndome como una bola. Sin embargo, no pude más que empeorar la situación ya que ahora mi culo pegaba y notaba el paquete de Mili posado sobre el. Mili me abrazó más fuerte, pegó un pequeño resoplido en mi oreja y empezó a darme besos en el cuello, mientras su mano acariciaba y bajaba lentamente por mi espalda. Está claro que se había tomado mi movimiento como una señal que no había estado premeditada por mi parte. Siguió dándome besos por el cuello y la oreja que fueron aumentando la intensidad y la fuerza, ya para entonces la tenía durísima y notaba la suya empujando detrás de mi culo. Paró momentáneamente para colocar el portátil en el suelo, pausando la película, y después continuó con mi cuello, deslizando su mano por debajo de mi calzoncillo para acariciarme los glúteos e irse abriendo paso, poco a poco, hasta mi agujero que solo tocó con suavidad. Me apretó aún más a el y con esa misma mano me bajó los calzoncillos, que me acabé de quitar con un juego de piernas. Me hizo girar la cabeza para empezar a comerme la boca y con esa mano tan curiosa me cogió de la polla y palpó bien huevos:

- Qué bien dotado estás cabroncete... -dijo en un susurro.

Gemí cuando empezó a pajearme y sentí que el corazón me latía tan fuerte que iba a sonar en toda la habitación y se me iba a salir por la boca. Mili se quitó los calzoncillos y, en la misma posición en la que estábamos, guió una de mis manos hacia su polla, que también era grande y gorda. Una vez tuve su sexo atrapado en mi mano, el volvió a coger la mía y empezamos a pajearnos el uno al otro comiéndonos las bocas y gimiendo suavemente. Me iba a correr. Ahora controlo mucho más la eyaculación, pero entonces reconozco que era de fácil corrida. Estaba cachondísimo con aquel chulazo que me tenía atrapado en su regazo y le avisé de que me iba a correr si me seguía pajeando:

- ¿Y te apetece hacerlo? -susurró.
- Sí, pero no quiero decepcionarte... -dije.
- No lo harás...

Me tumbó boca arriba, clavó su lengua dentro de mi boca y me pajeó con decisión y fortaleza hasta que mi respiración se aceleró tanto que me corrí muchísimo y le pringué toda la mano.

Mili se recostó sobre mi lado, puso su mano en mi pecho y me miró a los ojos susurrando:

- Me gustas mucho, Marcos. Me tienes loco.

No daba crédito a lo que oía. ¿Cómo podía gustarle yo tanto si era un chico de lo más normal? ¡Con los chulazos que él podría ligarse! Entonces miré hacia arriba sin decir nada y comenzaron a resonar las palabras de Espe en mi cabeza: "no te pilles por el, solo sexo, no te enamores, sufrirás". Mili me giró la cabeza para volver a mirarme a los ojos y me dijo:

- Quiero hacerte el amor. ¿Y tu? ¿Quieres hacérmelo a  mi?

No respondí. Le cogí de la cabeza y empecé a besarle desenfrenadamente, nos seguimos sobando y magreando y Mili se puso encima de mi restregando su cuerpo entre los restos de mi corrida. Entonces, todo sea dicho, no me costaba nada recuperarme de una corrida. Máxime teniendo encima de mi al tipo de chico con el que físicamente siempre había tenido mis fantasías sexuales.

- ¿Te apetece jugar un poco en la ducha? -preguntó.

Asentí, me cogió de la mano como cuando horas antes me había llevado hasta Gran Vía para coger un taxi y me llevó por aquellos largos pasillos de su casa hasta un cuarto de baño bastante amplio con un plato de ducha rectangular. Encendió el agua caliente, la templó (era verano)  y pasamos dentro para seguir comiéndonos las bocas debajo de aquellos chorros de agua. Allí en su ducha pasamos un rato pajeando nuestras pollas duras, nos las chupamos el uno al otro, aunque muy brevemente y sin entretenernos  demasiado. Cosa que me dio rabia porque tenía una polla muy bonita y de buen tamaño para dar un buen placer; podría haberme pasado horas chupándole esa preciosa polla. 

Llegado un momento, Mili me dio la espalda y me pidió que le frotara con la esponja. Hasta ese momento no había reparado en la belleza y perfección de su culo musculado, tan bonito como un melocotón duro. No volví a encontrar un culo y unas piernas como las suyas hasta que conocí a Sergio años después. Tenía la espalda fibrada y tiré la esponja  al plato para llenarme las manos de jabón y sobarle bien. Aquel culo sin un solo pelo, tan fibrado y apetecible, despertó en mi el lado activo que había estado dormido hasta entonces. Sin que Mili me dijera nada, empecé a meterle un dedo mientras ahora le comía el cuello yo a él; el cabrón empezó a gemir muchísimo más que minutos antes en la cama y noté una sensación nueva para mi: el sentir cómo un agujero de culo dilataba y se abría ante la insistencia de mis dedos, que ya eran tres. Sentí otro impulso y me puse de rodillas dejando su culo a la altura de mi cara, abrí sus cachetes y visualicé ese precioso agujero abierto sin un solo pelo y un cierto toque rosáceo. Mili flexionó las piernas y como por pura inercia saqué la lengua y la introduje en su agujero saboreando aquello como la cosa más rica que jamás hubiera probado. Mili se volvió loco de placer, sus gemidos aumentaron más cuando sentía mi lengua penetrando su agujero y me rogó que le follara. Ante mi escasa experiencia, me levanté y le pregunté si lo íbamos a hacer a pelo. Mili giró su cabeza, me miró con cierta ternura (solía tener un gesto rudo siempre) y dijo:

- Eso más adelante. Hoy me la vas a meter con funda.

Salió de la ducha, abrió un cajón, oí cómo rompía un plástico y vino con el condón. Me lo puso con delicadeza, pero a la vez con firmeza y volvió a colocarse de espaldas a mi con las piernas flexionadas e inclinado hacia delante.

- Me gusta que la metan despacio, pero de golpe y hasta el final... -susurró.

Y en este momento me volvieron a asaltar las dudas durante algunos segundos. Estaba claro que él tenía una experiencia sexual mil años avanzada a la mía. ¿Y si no daba la talla? ¿Y si no le follaba bien? Hasta ese momento solo había hecho de pasivo. Mili se dio cuenta de que algo pasaba y lo resolvió alargando su mano para cogerme de la polla y encaminarla hacia la entrada de su culo. Me excitó muchísimo mirar hacia abajo y ver mi capullo medio insertado en aquel perfecto culo. Las dudas desaparecieron y se la clavé como el había pedido: despacio y hasta el fondo. Soltó un leve quejido inclinando la cabeza, volvió a alargar su mano para presionar mi cuerpo contra el suyo y permanecí varios segundos con mi rabo totalmente dentro de su culo experimentando una sensación de placer y calor como nunca antes había sentido. Pasado algo más de un minuto sin cambiar de posición, Mili dijo:

- Ahora ya puedes darme tanto como quieras.

Cerró el grifo de agua y empecé a follármelo duramente, sin poder dejar de mirar cómo mi polla entraba y salía de su culo con tanta facilidad. Sintiendo cómo era estar dentro de otra persona y viendo el placer que le estaba dando, a tenor de sus gemidos y su cara, que se giraba para encontrarse con la mía y jugar con nuestras lenguas. No paré de follarle hasta que varias ráfagas de leche espesa impactaron contra el cristal de la lucha y otras tantas cayeron al suelo, con unos gemidos y unas sacudidas de su culo que me pusieron de lo más cachondo. Entré en un estado de éxtasis. Presioné con fuerza sobre su espalda para que se inclinara más y Mili, que no se lo esperaba, tuvo que apoyar sus brazos en el cristal para no caerse. Le agarré por la cintura y le volví a follar a tope hasta que me corrí dentro de su culo. Mili aguantó estoicamente la situación que le pilló de sorpresa y movió su culo y caderas a mi compás, lo que facilitó que me corriera antes.

Una vez terminado el éxtasis, saqué mi polla con suavidad, tiré el condón al plato de ducha y me temblaron tanto las piernas que me desplomé en el suelo de aquella ducha. Mili abrió el grifo del agua caliente y se recostó allí conmigo, abrazándome, mientras el agua se deslizaba por nuestra piel. 


Después de secarnos en silencio y volver a su habitación, de nuevo agarrado a su mano, para meternos en cama, me preocupó que Mili permaneciera en silencio y no dijera ni una sola palabra. Estaba abrazado a el, que miraba fijamente hacia el techo con su abrazo sobre mis hombros. Finalmente rompió su silencio para decirme que lo vivido minutos antes en la ducha le había dejado muy sorprendido, pero para bien. Que no se esperaba esa faceta mía con cierto punto dominante y que le había dado mucho morbo, para terminar diciendo que eso aún le volvía más loco por mi. 

Me marché poco antes de sus padres llegaran. La semana que comenzaba estaría plagada de sorpresas y actos que marcaban el comienzo de nuestra relación. Al principio, pensé que no volvería a saber nada de Mili hasta el finde siguiente, ese pensamiento me lo provocaba el consejo de Espe. Pensé: "bueno, ya hemos follado, pues ahora querrá seguir como antes", no sin que ese pensamiento me produjera cierta tristeza y me hiciera encoger el estómago. Entonces ya sabía que esa noche que había pasado con el significaba para mi admitir que me había enamorado profundamente de Mili. Contra todo pronóstico, Mili me llamó el lunes por teléfono. No os podéis imaginar cómo me sentí cuando leí su nombre en la pantalla, de nuevo el corazón a mil. Me invitaba al cine aquella noche de lunes y a tomar algo de relax.

Nunca antes había acostumbrado a salir entre diario, pero... ¿por qué no? Al fin y al cabo ese sería el primer y único año en mi vida en el que no pisaría mi querida playa porque Mili pasó a significarlo absolutamente todo para mi. 

Hoy en día esta canción me sigue transportando a mi primera noche con Mili y a todas aquellas que pasé con él en la noche madrileña.

13 de febrero de 2017

CAPÍTULO 167: LA ILUSIÓN POR UN PRIMER AMOR (Parte 1)


Voy a negar la evidencia delante de mí,
si no puede ser, no lo quiero ver. 
¿Para qué saber 
lo que no podre cambiar?



A todos nos llega un final, un final para todas y cada una de las etapas que comenzamos en nuestras vidas. Aquel mes de junio, tras haber aprobado selectividad con nota, mi época en el instituto llegaba a su fin. Adiós a 14 años encerrado entre las mismas paredes de aquel centro educativo concertado de una cooperativa de profesores que puso todo su empeño en educarnos de la mejor manera posible. La que ellos creían que era, claro. Adiós a aquellas paredes que habían sido testigo de nuestros primeros juegos, nuestras primeras rebeldías, las primeras confesiones de la adolescencia temprana, tantos partidos de fútbol, obras de teatro, exámenes y, sobre todo, aquellas primeras experiencias sexuales que aún no he terminado de contar. 



Como dice el popular dicho: "cuando una puerta se cierra, otra se abre". Así fue como solo con un verano de por medio, mi vida cambió totalmente. Cerré puertas a aquellos catorce años perdiendo el contacto con prácticamente todos mis compañeros, antes o después, y manteniéndolo solo con quiénes sabían que eran mis amigos de verdad. ¿Para qué tener que seguir aguantando a esos que siempre me habían caído mal? Ya no tenía ningún sentido. Empecé la universidad a finales de septiembre y ante mi se abrió un nuevo mundo: nuevos compañeros, nuevas asignaturas, nuevos profesores, nueva forma de aprender y nuevo círculo de amigos. Todo ello conjugado con una peligrosa libertad que te daba aquella falta de control al alumnado de la universidad madrileña por excelencia. Yo, que nunca jamás había hecho pellas en el instituto debido al control absoluto que ejercían sobre nosotros, ahora me encontraba con una nueva situación en la que si un día no me apetecía ir a clase, no pasaba absolutamente nada. No había consecuencias de ningún tipo. No había llamadas a casa. ¡Y había maricones! Para entonces un servidor ya tenía asumida completamente su sexualidad y el hecho de que por la universidad hubiera chicos que sin tapujos mostraban una sexualidad idéntica a la mía, abrió un abanico de posibilidades extraordinariamente amplio.

Así, ya al finalizar mi primer año de carrera, me hice con mi particular grupo de amigos compuesto por: 

- Espe, de Esperanza. Esa chica de barrio bajo que siempre había querido ir a la universidad. Alegre, con carácter y de las que van de frente. Su vida había sido dramática: apenas conocía a su padre, siendo criada por su madre y abuelos y teniendo que trabajar desde los 16 a la vez que se sacaba los estudios. Era la perfecta mariliendre: la mayoría de sus amigos masculinos éramos gays, a los heteros directamente se los tiraba. Ella era el alma del grupo, buena amiga y la reina de las fiestas. Adoraba salir por Chueca.

- Elena. Había sido rescatada, emocionalmente hablando, por Espe. Como había hecho con tantos otros. Pijilla, pero carabanchelera. De familia acomodada. Había sufrido una decepción amorosa quedándose bastante deprimida, pero conoció a Espe y todo cambió. Ella, que jamás había tenido amigos gays, se vio rodeada por ellos y acabó encantada de conocer Chueca. Chica alegre donde las hubiera, capaz de alegrar un día malo a cualquiera.

- Johnny, de Johnatan. Al igual que yo procedía de las ciudades del sur de Madrid. Chico extrovertido, masculino, amistoso y profundamente liberal. Le conocí como bisexual, ante mi sorpresa. Nunca tuvo relaciones serias con mujeres, pero de vez en cuando salía por Alonso Martínez y se tiraba a alguna chica. Eso fue cambiando con el tiempo hasta ser completamente homosexual. Un chaval descuidado, de los que nunca se acuerdan de tu cumpleaños, pero que siempre está ahí cuando le necesitas.

- Raúl. Un chico un tanto místico, algo más reservado. De los que van por detrás con cierta malicia. Nunca congeniamos en exceso, pero nos tolerábamos y hubo épocas de cierta unión entre nosotros. Hoy en día es una estrella de Instagram, con decenas de miles de seguidores, quién lo podría haber imaginado por aquel entonces.

- Tamara. La 'mariliendre' de Raúl y su mejor amiga. Era la mayor del grupo por las veces que había repetido cursos en el instituto. Nunca hablaba de su familia. Ambos tenían mucho en común, por lo que congeniaron enseguida. Curraba a la vez que se sacaba la carrera y fardaba de ello. Agradable, siempre con una sonrisa perfecta (y un cuchillo en la espalda). 

Espe, que tenía muchos otros amigos fuera de la universidad, nos introdujo en su grupo de fiestas por Chueca, donde aparte de los mencionados y de algunos más, también estaban:

- Íker. Un chico masculino donde los hubiera, serio al conocerle, difícil de acceder a él, pero buen amigo una vez te acepta. Tardó en aceptarme más de lo debido porque chocábamos en carácter y me veía como un rival a la hora de ligar y de competir por amistad con Espe.


- Manu. En la época que le conocí era un chaval un tanto pasado de rosca, agradable cuando estaba sobrio, pero pesado hasta decir basta cuando estaba ebrio, que era la mayor parte del tiempo. Gastaba bromas que nadie soportaba, pero ponía su piso en pleno Chueca a disposición del grupo y por eso era uno más. Algo horrible había pasado entre él e Íker tiempo atrás, era un secreto de estado que todo el mundo sabía, pero nadie se atrevía a contar.

- Tony. Compañero de piso de Manu, nunca supe cómo podían permitirse pagar el alquiler de aquel pisazo. Un chaval alto, grandote y aniñado. Muy extrovertido, divertido y más puta que las gallinas. Se lo llegaba a hacer con hasta 8 tíos por noche, no porque fuera muy atractivo, sino porque tenía una labia brutal y sabía calentarte la oreja como nadie. Creo que todos los del grupo caímos en sus redes antes o después. 

- Juanlu. Un chaval un año más joven que nosotros que vivía en mi misma ciudad: guapo, delgado, ligeramente fibrado y muy pasivo. De hecho, si se enteraba que algún ligue era exclusivamente pasivo, le dejaba de hablar y actuaba como si no existiera. Se dejaba llevar demasiado por los demás, pero no era mala gente.


- El Mili. Su apodo, indudablemente, por militar. No había querido estudiar y se había metido al ejército. Cuando me lo presentaron sufrí un amor a primera vista. Era todo lo que siempre había adorado en un hombre: pelo de punta, acento de malote de barrio, chulo, morenazo, guapo como ninguno, con labia, cachas, estatura media, sonrisa perfecta. Si tenía algún defecto era que le gustaba demasiado fumar porros.


Efectivamente fue este grupo al que se unió Dani un tiempo después y con el que di por comenzada mi etapa de fiestas más salvaje por el centro de Madrid. Como podréis imaginar, ante unos personajes tan distintos y dispares entre sí, el grupo no tardó mucho en separarse, en vivir auténticos dramas, peleas y traiciones. Eso sí, los primeros años los recuerdo como unos de los más felices, una etapa en la que nada importaba, en la que esperar siempre al viernes noche y no volver a aparecer por casa hasta el domingo. 


Mi primer año en la universidad fue un absoluto desastre, para qué negarlo. Como os comenté al principio, esa libertad que tanto contrastaba con el férreo control al que habíamos estado sometidos en el instituto me dio alas para muchas cosas. Eso unido al caótico horario que me había tocado (entonces el orden de matriculación se decidía por el sorteo de una letra del alfabeto y a mi me tocó de los últimos), me hacían pasarme todo el día en la uni, aunque no precisamente en clase. Pocas clases recuerdo de aquel primer año, a decir verdad. 


¿Dónde había estado metida toda aquella gente tan maja, abierta y simpática con la que había congeniado tan bien que parecíamos conocernos de toda la vida? Los amigos de Espe, que no eran de la facultad, venían a vernos desde un campus de otra universidad pública que no estaba muy alejada. Hacíamos horas en la cafetería o en los jardines si hacía buen tiempo y, aunque conecté con todos muy bien, fue del Mili del que me prendé hasta las trancas. Los otros, a excepción de un polvo con Íker que ya contaré y un rollo con Tony, nunca llamaron mi atención en el plano más sexual. 

Nunca he sido muy de demostrar mis sentimientos e intenciones de primeras, me refiero a mi "yo" de esta época, pero siempre me pareció evidente que al Mili le hacía gracia. Él siempre aprovechaba para quedarse en manga corta y mostrar esos fuertes brazos morenos trabajados o quitarse la camiseta para tomar el sol, luciendo su perfecto torso depilado de gimnasio. Todo ello siempre acompañado de un porrito, lo que me llevaba a plantearme si en el ejército también se lo consentían. Había semanas en las que por turno de trabajo no venía a visitarnos, y siempre acababa deseando que pasaran rápido para poder verle una vez llegara el fin de semana. 

Nuestro tonteo debió de llegar a ser tan evidente una noche de junio, poco antes de los exámenes finales que marcarían aquel primer año universitario fatídico. Recuerdo que estábamos tomando algo en el bar Nike de Chueca (creo que hoy ya no existe) y llegado un momento decidimos salir a la calle a continuar allí con los minis de cerveza, que al menos corría el aire. No se cómo empezó, pero recuerdo que en un momento de risas en el grupo, el Mili me agarró por la cintura, me miró a la cara a escasos centímetros de distancia y dijo:

- Abre la boca.
- Claro -dije, pensando lo increiblemente guapo que era ese chico al que tenía más cerca que nunca y cuyos brazos fuertes pasaban por mi cintura.

Dio una calada al porro que tenía en su mano y aproximó su boca a la mía dejándome acariciar sus labios suavemente mientras el humo que tenía alojado en su interior se dirigía hacía mi garganta, con sus penetrantes ojos atravesando los míos. 

No me preguntéis por qué, pero se me puso durísima y eso que nunca he sido fumador. Mi empalme fue bastante evidente, tanto que el Mili miró hacía abajo y me lo agarró con fuerza con la mano en la que hasta hace un momento había sujetado el cigarro:

- Era esta la reacción que esperaba -dijo 2 segundos antes de empezar a comerme la boca.

En ese momento no me había dado cuenta, pero se había hecho el silencio en el grupo que observaba con cierta perplejidad la imagen:

- Mili, viendo lo que calza Marquitos, espero que lleves bien de lubricante -dijo Íker para romper el hielo.

Nos empezamos a reír muchísimo y Espe me cogió de una mano y tiró de mi separándome del Mili y llevándome a un sitio más apartado, mientras los demás seguían riéndose. 

- No te conviene, ¿me has oído, Marcos? Follátelo, tíratelo, comeos las pollas, pero no te enamores de él. ¿Entiendes lo que te digo? -me decía, con los ojos fuera de sus órbitas y sus manos cogiendo mi cara.
- ¿Por qué? -pregunté.
- Porque sufrirás. Prométemelo Marcos. Solo colegas. Solo follar. Pero nada de sentimientos, ¿si?

Espe me decía esto porque era de las pocas que habían sabido de mi fallida historia con el alcalde y siempre fue una persona excesivamente protectora. Lo que Espe no sabía es que ya era tarde, muy tarde, para decirme que no me enamorara de una persona en la que ya me pasaba pensando todo el día.

Volvimos al grupo, que volvía a hablar con normalidad, seguimos bebiendo y el Mili se volvió a acercar a mi para besarme. Traté de contenerme, de rechazarle, pero no me lo puso fácil:

- ¿Qué pasa, Marquitos? -preguntó.
- ¿No vamos un poco rápido? -dije, sonando muy mojigato.
- ¿Rápido? Jajajaja... a ver que no te he bajado los pantalones para follarte aquí mismo niño. Venga, ¿no te apetece comerme un poco la boca? No te dejes llevar por lo que...

No le dejé terminar. La poca fuerza de voluntad que tenía para rechazarle se esfumó y le comí la boca con puro ansia. Me estampó de espaldas contra la pared del edificio que teníamos detrás y allí estuvimos más de media hora besándonos, sobándonos y magreándonos. Tuve oportunidad de acariciar cada uno de los músculos que daban forma a su torso y me entretuve particularmente en aquellos brazos de hierro.

- Pufff tío, estoy muy caliente y tu también...-dijo Mili.
- Si... -susurré mientras le comía la oreja.
- ¿Nos vamos a mi casa? No vivo lejos y estoy solo...
- No se tío...-dije.
- ¿Es que no confías en mi? -preguntó, con seriedad.
- Claro...
- A ver, no te voy a obligar a nada. Nos tumbamos en la cama, nos ponemos una peli y de buen rollo -dijo.

Pues sí, lo cierto es que tenía motivos para confiar en él. Obviamente solo le conocía de hacía algo más de 6 meses y Espe de años, pero en este tiempo se había portado muy bien conmigo, no tenía razones para rechazarle y el consejo de Espe no era suficiente para no irme con aquel chico del que estaba profundamente prendado.

No nos despedimos de nadie. Me cogió de la mano con fuerza y con decisión tiró de mi hasta sacarme a Gran Vía. Allí alzó la mano, paró un taxi y me llevó a su casa en no más de diez minutos. Durante todo el trayecto no soltó mi mano, cosa que llamaba poderosamente la atención del taxista que no hacía más que mirar por el espejo retrovisor
interior. Pagó una vez llegamos al destino y subimos a su piso. Una estancia grande y con mucho pasillo, decorada con gusto en un estilo mixto de modernidad y clasicismo. Pasamos a su más que amplia habitación en la que hacía un calor sofocante. Tras descalzarse, se quitó la camiseta y los pantalones, quedándose en aquellos ajustados bóxers negros de marca conocida. 

Si ya haberle visto sin camiseta en los jardines de la facultad me había puesto cachondo, tener aquella imagen de semejante culazo, cuerpazo y paquetazo, me puso a mil. Me miró, sonrió y dijo:

- A ver, tu haz lo que quieras, pero estoy seguro de que en tu casa con este calor no llevas nada de ropa encima.

Así que hice lo mismo, aunque con bastante más pudor al comparar su cuerpo con el mío, que entonces estaba delgado y marcaba lo poco que había conseguido por la natación. Me miró, volvió a sonreír, se tiró a la cama, cogió el portátil y dijo:

- ¿Vienes? 

Y fui. Claro que fui. 

***La siguiente parte de esta historia será publicada en menos de 7 días.