15 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 25: LA HISTORIA DE MARIO (Parte 1)

Cuando le contábamos a Dani lo desolador de aquello se mostraba muy optimista: "ya veréis que en cuanto terminen las obras, todo vuelve a su ser", se empeñaba en decir. Pero para eso aún faltaba al menos un año, las obras iban lentas, parecían interminables.

El sábado 30 llegó y con él las vacaciones de muchas personas. Nos preparamos después de comer y a eso de las 17h ya estábamos de camino hacia la caseta. Nos tumbamos un rato en la playa para tomar el sol antes de subir y a eso de las 18:45 subimos a la caseta. Había algo más de movimiento, pero nada comparado a lo que había antes. Estuvimos deambulando de un sitio para otro, viendo las mismas caras conocidas que iban todos los días y alguna nueva, pero nada interesante. Nos sentamos a la sombra y, al menos, durante una hora no pasó absolutamente nadie. Sergio y yo decidimos dar el último vistazo a la zona y marcharnos, eran ya las 20:30 y aquello no tenía visos de mejorar.

Sin embargo, pocos minutos después, apareció él. Un hombre de unos 38 años, delgado, moreno, fibrado, con bañador apretado tipo slip, camiseta negra de tirantes, gafas de sol y las llaves de un Peugeot en la mano.

- ¿Qué te parece este? - le dije a Sergio.
- No está mal, respondió sin mucho entusiasmo.

Él iba con prisa, se metió rápido en la pinada y ya le di por perdido, así que Sergio y yo nos quedamos delante de la caseta, en el mirador, cada uno en un extremo, esperando a que saliera.
A los pocos minutos salió con la misma prisa que había entrado, pero antes de marcharse se detuvo en seco y bajó por un camino que bordeaba el mirador por debajo de la pinada, hasta situarse a mi derecha a unos 10 metros, en un pequeña estancia sombría debajo de los pinos, inmediatamente a la derecha de la caseta. Podía ver cómo se acariciaba el paquete, mientras me miraba.




Los nervios me habían invadido y no sabía muy bien qué hacer, así que buscaba con la mirada a Sergio, que estaba justo al otro extremo, pero no pude hacer contacto. Cuando quise volver la mirada hacia donde estaba este hombre, pude ver con estupefacción cómo había salido al camino, se había levantado la camiseta y me ofrecía una enorme polla erecta. "¡Madre mía!", pensé. Nunca había visto una polla tan grande y perfecta, digna de actor de película porno. Él no paraba de mirarme y yo no pude evitar humedecerme los labios, cosa que él aprovechó para invitarme a bajar. Me decidí, y bajé:

- ¿Te molaría que te la chuparan dos tíos a la vez?- propuse, para evitar rodeos.
- ¿Quién es el otro? ¿El que está al otro lado?- respondió.
- Sí - aseveré.
- Dile que venga.

Cuando quise subir al camino, Sergio ya estaba allí: "La tiene enorme y está muy bueno, vente", le dije.
No hubo más palabras. Él se había desnudado completamente y estaba allí de pie ofreciéndonos su gran miembro. No tardamos en clavar las rodillas en aquel suelo de arena cubierto de finas ramas de pino bajo y en mamar como si no hubiera un mañana, mientras le tocábamos los abdominales y el pecho. Mientras uno le comía la polla, el otro le comía los huevos, o nos pasábamos la polla de boca a boca. Aquella polla sabía genial, se notaba que venía perfectamente aseada ya que tenía un ligero sabor a jabón. El pubis lo llevaba recortado y la polla y huevos totalmente depilados. Mi debilidad. Estuvimos 15 minutos mamando aquella polla perfecta sin parar y hasta se generó público que nunca acerté a adivinar de dónde habían salido; hasta que pude sentir como un chorro de semen caliente invadía mi boca colmándola, mientras él soltaba un gemido pronunciado. Escupí, se la repasamos para dejársela bien limpia y, ante mi sorpresa, empezamos a hablar. Bueno, mejor dicho, él empezó a hacernos preguntas: ¿de dónde sois? ¿venís por aquí mucho? ¿tomáis precauciones? Quería saber de nosotros. Así que respondimos a todo. Hubo cordialidad. Habíamos conectado.

Nos confesó que le había encantado, se puso con calma su pequeño bañador y su camiseta de tirantes, cogió las llaves del coche y mirando el reloj se despidió con prisa esperando vernos de nuevo. No había nada que me pusiera más que un hombre bien cuidado con la polla grande, siempre han sido mi debilidad. No os imagináis al grado de excitación al que llego cuando me empiezo a comer una polla como la de este hombre y siento el placer que le produzco. He sido de los que piensan que el tamaño sí importa y es algo en lo que me mantengo. 

Quién nos iba a decir aquel día que la historia de Mario daría para tanto.

4 comentarios:

  1. Ya estoy impaciente para saber como sigue.
    El tamaño importa? Bueno, depende de para qué. Las mejores son las de tamaño standart tirando un poquito a grandes. Con estas puedes disfrutar una buena mamada sin desconjuntar las mandibulas y de una buena follada sin que te desgarren el culo.

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  2. Acabo de leer tu blog entero y me ha viciado jajjaja, me gusta que vayas desgranando uno a uno la gente que ha pasado por allí, y quiero saber en que acaba el "trío" que os teníais montado.
    Lo que no me cuadra son cuantos años fuisteis a la caseta, empezasteis a principios del 2000, sólo has descrito dos o tres veranos y ya hablas de smartphones.

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  3. Hola anónimo. Gracias por tu comentario. Pues, como explico en la primera entrada, la palabra cruising llegó a mis oídos a mediados de la década de los 2000, esto es, en 2005. Todas las experiencias que aquí se narran ocurrieron de 2006 en adelante (yo, por ejemplo, tengo smartphone desde 2008). Respecto a lo del trío... Todo a su tiempo ;)

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