15 de julio de 2014

CAPÍTULO 85: DE FIN DE CURSO

Iba a ser mi primera fiesta de fin de curso. Las estrictas normas del colegio en el que había estudiado toda mi vida, nos habían privado siempre de grandes celebraciones y todo se ceñía a un cerrado y encorsetado protocolo repleto de actividades ensayadas durante buena parte del curso. Y no había mejor forma de despedir el curso que hacer a tus alumnos preparar una obra de teatro para representar delante de los padres, así los que dejaban bastante dinero en aquel centro educativo estarían contentos. Tan siquiera tuvimos viaje de fin de curso al terminar la E.S.O. De tal forma que, por primera vez, los alumnos de 2º de bachillerato habían preparado una cena y una fiestecilla en un pub de la ciudad. Y lo mejor de todo es que estábamos invitados ambos cursos de bachillerato. A mi me apetecía mucho ir, no ya solo por estar con mis compañeros de clase, sino porque era una excusa para volver a ver al Cata antes de verano y, sobre todo, ver qué pasaba con El Peque. Era extraño que hubiera hecho tanto énfasis en provocar un encuentro a solas conmigo para invitarme a la fiesta antes que a ningún otro chaval de clase y sus ganas de que fuera, porque lo pasaríamos muy bien. Sin embargo, que precisamente estuvieran los de 2º de bachillerato era lo que menos gracia me hacía, pero bueno, había que aprovechar. 

Para el señalado día todo eran preparaciones: las chicas de clase querían estar radiantes, así que se irían el día de antes al centro de comercial de moda de la zona a comprarse unos vestidos y unas sandalias a estrenar ese día. Con los chicos era parecido, pero no se decía tanto. Algunos irían incluso en traje. Pero yo opté por unos pantalones vaqueros blancos ajustados y una camisa negra de manga corta también ceñida. Por aquel entonces no iba al gimnasio, pero estaba delgado y la natación me había puesto espaldas anchas, así que me quedaba bien. Me compré incluso unos calzoncillos bóxer blancos apretados de Abanderado (por esos años las marcas tipo CK y demás aún no estaban tan metidas en el mercado o tan accesibles) y unos zapatos negros. Creo que fue entonces cuando empecé a peinarme con el pelo de pincho y llevar un cordón de plata alrededor del cuello. Estaba ya apunto de cumplir 17 años y había que lucirlo. 

Habíamos quedado algunos compañeros de clase para ir juntos y cuando llegamos se produjo la primera decepción: todos empezaron a sentarse en las mesas por parejitas, que por entonces, ya había bastantes en ambos cursos. Me senté con una de mis mejores amigas, lejos del Cata, pero cerca del Peque, quien se acercó a saludarme efusivamente con una cerveza en la mano. Ante lo que mi amiga, extrañada, preguntó: "¿y qué te traes tu con este malote?". "Yo con ese no me traigo 'na'", le respondí. Pero me di cuenta de que recibí miradas extrañas de otros compañeros de clase. La cena transcurrió bien, hablando de los planes que teníamos para el verano, de lo duro que iba a ser el siguiente curso y de lo que íbamos a hacer una vez pusiéramos fin a los 14 años que habíamos estado estudiando en aquel colegio. Y de la cena, nos fuimos al pub. Ya íbamos contentos, porque habíamos pedido sangría y cerveza en la cena, así que las copas hicieron el resto y empezamos a desfasar bastante haciendo bailes y, en definitiva, haciendo el canelo. Al poco rato, El Cata se marchó con su novia a un parque para estar más a su rollo, así que ya deseché cualquier oportunidad de tener algo con él aquella noche. A eso de las 3 de la mañana había ya bastantes chicos y chicas afectados por el alcohol y empezamos a desertar para irnos a casa: algunos en taxi y otros andando, en función de lo lejos que viviéramos. Así que como mis mejores amigos ya se habían ido, me despedí y me marché. No había mucho movimiento por aquellas calles a esas horas, y como mi camino era largo, aceleré el paso hasta que unos gritos escandalosos me detuvieron poco después:

- ¡Eeehhhh! ¡Eeehhh! ¡Espérame tío! - dijo la voz.

Me paré, giré la cabeza y como a 300 metros venía El Peque tambaleándose y mostrando dificultades para andar, hasta que casi al llegar a mi se medio cayó al suelo.

- Tío, pero baja la voz, anda que te ayudo -le dije, pasándole un brazo por encima de mi y llevándole como a remolque.

No vivíamos lejos el uno del otro y su casa me pillaba casi de paso, así que decidí que no podía dejarle solo, a ver cómo llegaba a casa el pobre. Mientras andábamos con cierta dificultad empezó a balbucear:

- Tío, tenía muchas ganas de que vinieras pero has pasado mazo de mi... menos mal que estás aquí...te aprecio mazo tío-dijo.

Yo alucinaba. Realmente desde la vez que se la chupé en las duchas, apenas habíamos cruzado varias palabras y habían pasado años.

- Tienes que acompañarme a casa, ¿eh? Estoy solo y no se si acertaré a abrir la cerradura -seguía hablando.

Llegó un momento en que se calló y fuimos casi en silencio hasta el portal de acceso a su edificio, donde vomitó justo antes de entrar. Qué romántico todo. Busqué en sus bolsillos, encontré las llaves y abrí. Esperamos al ascensor y subimos al 8º piso, le dije que se duchara y se fuera a dormir, que yo me marchaba a mi casa:

- No, no, no... no jodas... quédate Marcos, coño, quédate... -dijo, desplomándose en el sofá.

No sabía qué hacer. Pocas noches había pasado entonces fuera de casa, así que tras unos momentos de duda llamé a mi casa y le conté la situación a mi madre, que por entonces, no se dormía hasta que no llegaba a casa. Pensé que se enfadaría, pero lo entendió y me animó a quedarme con mi amigo. Le había mentido un poco y dicho que era El Cata, a quien ella conocía, si le llego a decir un nombre que no conoce, no me lo habría permitido.

Al colgar el teléfono vi cómo El Peque se bamboteaba en el sofá tratando de desabrocharse los pantalones, así que fui a ayudarle y le quité toda la ropa. Cuando le tenía de pie, yo agachado sacándole los pantalones de las piernas y su polla colgando delante de mi cara me dijo:

- No se me va a poner dura tío... pero me gustó tanto...-y seguidamente se desplomó en el sofá.

Me quité la ropa, busqué el baño y me lo llevé para darnos una ducha de agua fría. Me gritó muchas barbaridades. No le toqué ni nada, simplemente le pasé el agua por encima, le enjaboné  primero a él y luego a mi y cuando estuvo más espabilado y tranquilo, le ayudé a secarse, le pedí que me llevara a su habitación y nos tiramos en su cama directos a dormir. A pesar de estar en una casa extraña, con un chico al que apenas conocía, caí rendido enseguida. Es una facilidad que he tenido siempre. Ahí estábamos los dos chavales desnudos, tirados encima de la cama, tan siquiera sin abrir.

No sabría explicar cómo fue, o en qué momento, solo recuerdo que mi sueño era ya ligero y que estaba soñando cosas guarras. Sabía que estaba empalmado, pero no recordaba en qué momento me había puesto en esa posición. Ya era de día, eso sí. Y ese cosquilleo, esa sensación tan sumamente placentera, ese éxtasis que sentía... ¿A qué obedecía? Me estaban chupando el culo. Sí, era eso. Una lengua húmeda y caliente me devoraba el culo y se hacía hueco en las paredes del mismo, después entraba un dedo. Después dos. No se si por la resaca o porque llevaba mucho tiempo comiéndomelo, o por aquella primera vez con El Cata, apenas sentía dolor. Lo justo, lo soportable. Era la primera vez que me estaban chupando el culo y no quería que parara jamás, tan siquiera podía parar de mover los dedos de los pies mientras seguía. No sabía si abrir los ojos o no, tenía miedo de que si abría los ojos todo aquello fuera simplemente una ilusión, un producto de mi mente, pero lo hice, los abrí y giré la cabeza. Y allí vi al Peque trabajándome el culo con esmero, pajeándose a la vez, dejándome ver aquella polla tan deliciosa que me había comido un par de años atrás. No hubo palabras, ni preguntas, cuando pudo meterme dos dedos hasta el fondo, se untó una crema en su polla, me untó un poco en el agujero de mi culo, me agarró de la cintura forzándome a incorporarme, me separó un poco más las piernas y comenzó a introducir la punta de su capullo. Aquella polla era más grande que la del Cata, pero también me había preparado mucho mejor. La introdujo muy lentamente, pero su anchura me hizo estremecer y soltar algún leve quejido, con mi polla dura como una estaca, la dejó clavada en el fondo y empezó a bombear lentamente. La sacaba y la metía con cuidado hasta que vio que yo empecé a disfrutar de aquello y empezó a darme con más fuerza y ritmo. Cuando pensé que se iba a correr por sus suspiros y gemidos y por la forma de apretarme contra él, me dio la vuelta, me hizo colocar las piernas sobre sus hombros y me la volvió a clavar para seguirme follando con fuerza mientras nuestros ojos se miraban fijamente expresando lo mucho que estábamos disfrutando los dos de aquella situación. Me daba tanto morbo tener aquel chaval con ese cuerpo marcado, tan bajito, tan moreno y con tanta fuerza dominándome, que empecé a pajearme, notaba una especie de presión y la necesidad imperiosa de correrme. Sin embargo, El Peque me quitó la mano y empezó a pajearme él, mientras mantenía su polla dentro, no le hicieron falta más que un par de sacudidas para que mi polla comenzara a chorrear lefa espesa, que me restregó por todo el cuerpo. Siguió follándome un par de minutos más hasta que se corrió dentro de mi culo soltando gemidos. Sacó el rabo y se quedó mirándome el culo:

- Me mola mazo esto tío... ver cómo ahora tu culo va expulsando mi lefa -dijo, pasándome un pañuelo para limpiarlo.

Pasé al baño a asearme con un escozor brutal en el culo y al Peque le entraron las prisas porque, supuestamente, sus padres estaban al llegar. Me sorprendía el cambio de actitud que había manifestado de hacía tan solo unas horas. Capté la indirecta, nos despedimos con un choque de manos, me dio las gracias por no haberle dejado tirado y me marché, sin hacer ningún comentario sobre el polvo que habíamos echado. Me marché feliz, era mi segunda vez. La segunda vez que me follaban y podría decirse que había disfrutado más que la primera, así que subía a mi casa como en una nube de felicidad... hasta que el cerebro hizo click: "me mola mazo ver cómo tu culo va expulsando mi lefa". No hubo condón. Me folló sin condón y realmente fui consciente demasiado tarde. Por aquel entonces no le di demasiada importancia, porque no dejaba de ser un adolescente que empezaba a descubrir su sexualidad, y si bien, nos habían concienciado acerca del VIH, pensaba que eso no podría pasarme a mi. Y menos aquella vez. Había llegado tarde a estrenarme sexualmente hablando, pero parecía que lo estaba haciendo por la puerta grande.

Al llegar a casa recibí un sms suyo: fui la primera polla q t comiste, xro no el primero el follarte. si t aptc repetir, lo vemos. xao.

No, no había sido el primero en follarme... pero estaba claro que yo tampoco había sido su primer culo.

6 comentarios:

  1. Que buenos momentos me has hecho recordar del instituto, creo que a todos nos han pasado historias más o menos parecidas y lo curioso de encontrarte con esos compañeros de aventuras hoy en día y ver que cambiados estamos todos.
    Un abrazo.
    Running

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    1. Y tanto que si estamos cambiados, en los casos que yo menciono, uno casado y con hijos, y el otro de novia en novia... Me alegro haberte hecho recordar buenos momentos.

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  2. La primera parte del relato me ha recordado mucho, muchisimo a la típica película americana de adolescente en su fiesta de fin de curso/graduación.
    Desde luego ese tan dulce despertar es de los mejores que hay, y follar a primera hora de la mañana lo revitalizante, jejeje... ;-)
    Siempre que se haga en condiciones, claro.

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    1. Pues ya te digo, fue la primera fiesta que hicimos y casi la última... cuando el resto de colegios/institutos ya habían tenido sus viajes de fin de curso a Mallorca, sus bailes, sus fiestas...Nosotros estábamos más controlados. Y si, este polvo mañanero que cuento es uno de los que siempre recordaré.

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  3. Hermoso momento eclipsado al final cuanto te diste cuenta que te había follado sin preservativo, incluso cuando concientizaste, que tu culo no había sido el primer culo que tu amigo había follado.

    Es cierto que hay que tener cuidado en la penetración sin condón, pero no soy yo, quien te aconseje sobre esto, porque yo soy el primero que prefiere la penetración 'a pelo' y sin el plástico.

    Claro que lo hago siempre con chicos de un 'grupo cerrado' y por esto estamos tan confiados en hacerlo de esa manera. De todos modos, 'a seguro, lo llevaron preso'. Igualmente, uso el preservativo, cuando tengo sexo con desconocidos, pero esto es bastante infrecuente... jeeeeeee...

    Besos!

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