11 de septiembre de 2016

CAPÍTULO 158: BAJO LA ATENTA MIRADA DEL PUIG CAMPANA (Parte 2)

En ese momento, siendo cerca de las 4 de la madrugada, no hicimos mucho más, aparte de sobarnos y besarnos los tres, lo que en breve caímos rendidos y me quedé dormido en el pecho de Albert, con Lluís al otro lado de la cama. No es que hubiera tenido un día especialmente duro o cansado, pero siendo esas horas suelo caer dormido con bastante facilidad y profundidad. Cuando me desperté, pasadas las doce del medio día, no quedaba nadie en la casa. Salí al salón y leí una nota de Lluís:


“Buenos días marmotilla. Nos hemos ido a abrir el bar para los aperitivos y las comidas, siéntete como en casa y haz lo que quieras. A la derecha de esta nota tienes un juego de llaves y la izquierda una carpeta con papeles que queremos que leas. Un beso enorme guapísimo”. 

Me habían dejado preparado el desayuno justo allí y abrí la carpeta que querían que leyera. Eran informes médicos fechados 10 días atrás, a últimos de julio, en los que tanto Albert como Lluís salían negativos en VIH y resto de enfermedades de transmisión sexual. En la última hoja había un post it con una cara sonriente que ponía: ¡Para que no te comas la cabeza!

Pasado una hora me vestí y me marché al bar. Apenas tenían gente, según me comentaron ellos tenían más cantidad de clientes por la noche que al mediodía. Albert, tras una conversación distendida, me explicó que no suelen tener relaciones sexuales fuera de la pareja, salvo en ocasiones especiales que se limitan a una o dos veces al año y que consideraban adecuado mostrarme esos informes para que estuviera tranquilo de que practicar sexo con ellos era seguro. Por mi parte, el último test me lo había hecho en junio y todo había salido bien, pero la verdad es que fue un detalle que aprecié, pero que, por otra parte me enseñó la pista de por dónde iban a ir los tiros aquella noche.

Me encontraba en un estado irracional que pocas veces había experimentado antes, parecía como si fuera la tercera parte de esa pareja que me trataba como si también me hubiera criado junto a ellos, con una confianza y un afecto que me hipnotizó de tal manera que estaba absolutamente atrapado en sus redes, prendado de su belleza, de sus cuerpos, de su trato y de su tacto. Y todo ello en menos de 24 horas. Encontré un paralelismo en lo que debían sentir otras personas cuando tenían relaciones sexuales con Sergio y conmigo, ¿se sentirían de la misma manera en la que me sentía yo en aquel momento metiéndome con gusto dentro de esta pareja? No veía el momento de que cerraran el bar y nos acostáramos en su cama para pasarnos toda la noche follando, sentía un deseo tan ardiente que en un momento en el que Lluís parecía dar abasto con los pocos clientes que había, cogí a Albert de la mano, me lo llevé al baño del bar, eché el pestillo, le bajé los pantalones (no llevaba calzoncillos) y le hice una mamada hasta que se volvió a correr en mi boca. Algo que me pone muchísimo es coger una polla morcillona con mi boca y sentir cómo se va endureciendo dentro de ella. Él no dijo nada, se dejó hacer, me sobó el culo, los pectorales y me forzó (vamos, tampoco tuvo que forzar mucho) a que le comiera los huevos enormes que tenía. Al terminar, dijo:

- Espero que tu culo sea tan tragón como tu boca, porque esta noche te voy a dar bien.

Acto seguido me morreó durante varios segundos con abundante uso de la lengua y de saliva, me sobó la polla por encima del pantalón, abrió la puerta y se marchó a ayudar a Lluís. Así que si ya estaba caliente antes de hacerle la mamada exprés en el baño, ahora tenía poco menos que fiebre. Estaba totalmente prendado de su polla perfecta y entendía bien como Lluís también estaba rendido a aquel hombre en el que Albert se había convertido desde la infancia. Cuando salí del baño me estaba esperando Lluís, quien me dio un beso y me susurró al oído:

- Los dos somos muy activos Marcos y tenemos ganas de culo tragón… -dijo dándome una palmadita en el culo.

El resto de la tarde no tuvo ninguna connotación sexual más. Seguimos charlando, salí con Lluís a dar una vuelta por el pueblo, paseamos por la playa y a eso de las ocho volvimos al bar. Afortunadamente, ese día no cerraron muy tarde y aprovechando que pasadas las once de la noche no quedaba nadie dentro, cerraron las puertas del bar y entre los tres recogimos, recargamos las cámaras, las cafeteras, limpiamos y cuando todo estuvo listo nos fuimos de nuevo al apartamento para disfrutar de una ligera cena, darnos una ducha (esta vez individual) y pasar a aquella enorme cama.

Esa noche el brillo de la luna llena era tal que no necesitábamos de velas o luz en la habitación para ver, era realmente asombroso poder ver la luna a través del ventanal de su habitación decorando la parte alta de aquella enorme montaña llamada Puig Campana que parecía vigilarnos constantemente usando la luna para poder ver lo que iba a ocurrir entre aquellas sábanas de algodón fino. Al ser el último en ducharme, cuando llegué a la habitación Albert y Lluís me esperaban desnudos en la cama besándose tiernamente y con dulzura. Me invitaron a colocarme entre ellos, en el medio, y empezamos a besarnos los tres con profundidad, dedicación y ternura, más que con desenfreno como otros encuentros sexuales. No tardamos ni un minuto en estar los tres empalmados cuando tomé la oportunidad de empezar a recorrer con mi lengua todo el cuerpo de Albert, que descansaba boca arriba sobre la cama. Como un gato agazapado, me coloqué a cuatro patas encima de el y empecé a trabajarle los pezones y a chuparle cada uno de los músculos que formaban parte de su pecho y abdomen. En el momento en el que tuve su gran polla dura como una roca frente a mis ojos, no dudé en seguir utilizando mi lengua y empezar a degustar el sabor de aquel capullo enorme que colmaba mi boca. Noté como Lluís se movía y segundos más tarde sentí su lengua ensalivada tratando de hacerse un hueco en el agujero de mi culo. No pude evitar gemir de placer cuando sentí su lengua penetrando mis entrañas y su mano ordeñando mi polla. Me trabajó el culo con dedicación, sin prisa, usando lubricantes durante largo rato en el que yo seguía amorrado al pollón de su marido, que parecía disfrutar como nunca de aquella mamada que estaba recibiendo:

- Levanta el culo -dijo Lluís cogiéndome suavemente de las caderas con sus dos manos. 

Asentí y Albert aprovechó para deslizarse debajo mía como un mecánico que desliza debajo de un coche para comprobar que todo está bien. Ya no tenía su polla en mi boca, ahora lo que tenía eran su lengua y labios besándome con una pasión tal que cuando Lluís me introdujo su polla no sentí ningún dolor hasta que me la metió entera y su pubis chocó contra mis glúteos. Gemí de cierto dolor y placer que Albert trató de calmar continuando con sus tiernos besos. No estaba nervioso, ni inquieto. Me sentía cómodo y eso ayudó notablemente a que dilatara con mucha más facilidad. Lluís empezó a follarme con mucha ternura, poco a poco y suavemente durante los primeros minutos. Me gustaba su forma de follar porque la metía y la sacaba prácticamente entera y se movía muy bien. Llegado el momento en el que seguía en mi posición a cuatro patas, Albert salió y volvió a meterse debajo de mi primero con la cabeza, de tal forma que me quedó su polla a la altura de la boca. En ese momento, Lluís empezó a follarme con una fuerza que no esperaba de él y Albert me ordenó que le chupara la polla sin parar. Así que me la metí entera en la boca y la chupé suavemente dadas las envestidas de Lluís, que ya empezó a gemir de absoluto placer diciendo frases del tipo: "Qué culazo tienes Marcos, como traga, joder". Cuando indicó que le quedaba poco para correrse, Albert cogió mi polla como si se tratara de la ubre de una vaca y me pajeó sin parar. Cuando sentí la explosión de Lluís dentro de mi culo, me corrí en la cara de Albert irremediablemente, quien se afanó por recoger con su lengua cuanta más leche mejor. Lluís sacó su polla de mi culo con delicadeza y cayó rendido y sudado al otro lado de la cama. Sin embargo, Albert no me dejó descansar. Estando allí debajo mía, puso sus manos en mi culo, me echó hacia delante y colocó su boca en mi agujero lamiéndomelo de tal manera que recogió la leche de Lluís que salía de mi culo. La situación era tan sumamente morbosa que, a pesar de haberme corrido, seguía teniendo la polla durísima. 

Después de haberme lamido el culo todo lo que quiso y algo más, nos tumbamos los dos en la cama y Lluís trajo una de esas pipas de las que fumábamos una especie de tabaco con sabor a cereza (no soy ni he sido fumador, pero ese día me dejé llevar por el embriagador aroma de aquello que fumábamos). Después me enteré que lo que fumábamos apenas llevaba tabaco, sino una mezcla de hierbas puramente afrodisíacas. Y fue justo ahí, cuando terminamos la pipa, cuando Albert habló:

- Bueno, ahora me dejarás follarte a mi, ¿no?

Debí poner tal cara que se echó a reír. No es que estuviera cansado, claro que no, es que el grosor y tamaño de su polla me asustaban de sobre manera. Albert abrió un cajón y sacó un pequeño frasco de color negro.
- Si hueles un poco de esto mientras te la voy metiendo, te encantará cómo mi polla entrará a tu culo.

Esa iba a ser la primera vez que probaría lo que aquel frasco contenía. Lluís en aquel momento se despidió cerrando la puerta tras de sí deseando que lo pasáramos bien, lo cual me sorprendió porque pensé que seríamos los tres durante toda la noche. Albert se ofreció a darme un masaje mientras descansábamos un poco y me dejé hacer tumbándome boca abajo y sintiendo como sus fuertes manos se deslizaban por todo mi cuerpo con una mezcla de suavidad y, a la vez, fuerza en cada parte que tocaba. Primero empezó por los hombros, cuello, bajó por la espalda, se saltó los glúteos, comenzó por los pies y fue subiendo masajeándome las piernas hasta que llegó a la zona inguinal. Para ese momento yo volvía a estar totalmente cachondo, cosa de la que Albert fue testigo ya que me pidió que me diera la vuelta y se sonrió con complacencia cuando vio que la tenía dura. Colocó mis piernas sobre sus robustos hombros e introdujo su lengua, de nuevo, en mi culo. A pesar de que ya lo tenía bastante currado, volví a ver las estrellas de placer cuando aquella lengua húmeda se abría paso con facilidad en mi agujero, ayudada por los gruesos y ensalivados dedos de su mano derecha. Albert se incorporó levemente manteniendo mis piernas sobre sus hombros, se untó la polla de lubricante (que vista a la luz de la luna empezó a brillar con el aceite del ungüento que se aplicaba) y con mucha suavidad comenzó a introducirme su enorme glande:

- Coge el tarro y huele un poco, sin pasarte.

Accedí a su instrucción, destapé aquel bote y olí el tarro primero por una fosa nasal y luego por la otra. Desde ese momento todo ocurrió muy rápido: sentí que mi corazón se aceleraba, mi visión se tornó levemente borrosa, pero no sentí malestar alguno, todo lo contrario, sentí una especie de clímax con mi polla poniéndose más dura y la de Albert abriéndose camino con mucho menos dolor del esperado. Todas aquellas sensaciones se desvanecieron en poco más de un minuto. Albert también inhaló un poco y yo volví a repetir una segunda y última vez para facilitar que su polla entrara entera. Cuando los efectos se iban, el dolor regresaba, pero esta vez fue Albert quien, manteniendo su polla dentro de mi, se inclinó sobre mi pecho, rodeando con mis piernas su duro culo y empezó a besarme apasionadamente. Cuando lo hacía, con esa forma de mover su lengua y la suavidad de sus labios sobre los labios, me hacía olvidarme del dolor sin necesidad de ningún producto adicional más. Volvió a incorporarse y tal y como había hecho Lluís, empezó a follarme el culo con mucha suavidad, sacándola casi entera y deleitándose con la mirada contemplada como su polla volvía entrar en mi culo. Se notaba que ver aquella imagen le ponía muy cachondo. Sin sacarla, cambiamos de posición: me coloqué de lado en la cama con él detrás abrazándome, mi pierna derecha ligeramente flexionada y levantada para facilitar el polvo y con su fuerte mano en mi abdomen comenzó a follarme a un ritmo que calificaría como puramente sensual: ni muy rápido, ni muy lento, ni muy fuerte, ni muy flojo. Todo en su punto y fue ahí cuando empecé a sentir un placer tan brutal que me fue imposible dejar de gemir. Albert empezó a comerme el cuello justo en el momento en el que la luna se situaba en la parte de la montaña que simula una ventana. Cogí su mano, que apretaba mi abdomen, para ponerla en mi polla y me pajeó con suavidad hasta que llené sus sábanas de leche ante la atenta mirada del Puig Campana. Albert aceleró muy levemente el ritmo y dando varias sacudidas algo más fuertes se corrió dentro de mi, con su lengua jugando en mi oreja y su aliento calentando mi cuello. No nos movimos al terminar, se quedó abrazado a mi con su polla dentro y yo me cogí de su brazo contemplando aquella bella imagen a través de la ventana de su habitación.

Pasados unos minutos fuimos al baño a asearnos y aproveché para coger a Lluís de la mano y traerle a la cama con su marido, sin embargo ambos insistieron para que fuera yo quien durmiera en el medio con un brazo de cada uno cubriendo distintas partes de mi cuerpo.

La relación con ellos nunca se enrareció por la estrecha relación que tuvimos ese fin de semana, más bien todo lo contrario, ya que podría decirse que el sexo con ellos se ha convertido en algo habitual cada vez que me escapo por la zona. 


11 comentarios:

  1. Marcos, siempre me han gustado/calentado tus relatos, pero este es tierno y ardiente a partes iguales.
    Felicidades, campeón!
    Dardo

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    1. Me alegro de haber podido plasmar con palabras aquella noche que viví con esta pareja, porque precisamente se divide en los dos sentimientos que dices: ternura y ardor.

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  2. Desde luego da mucha tranquilidad saber que la otra parte se hace las pruebas y no tiene problemas en enseñar los resultados. Prefiero el bareback pero con mucha diferencia pero no soy gilipollas, toda precaución es poca.

    Una vez me reboté con un chico con el que quedé porque aunque íbamos a usar condones estaba muy pesadito con si me hacía las pruebas realmente o no y después de un rato buscando, cuando los encuentro, me dice "no, si no hacía falta". Me enfadé y lo eché de casa.

    El post como siemore muy morboso pero lo que más me has gustado es que siga tu amistad con ellos dos.

    Abrazotes.

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    1. Desde luego que toda precaución es poca, porque después vienen los sustos. Mantener la amistad es cosa de dos, aunque he de reconocer que ellos siempre pusieron mucho de su parte. Desde este encuentro todo es más fluido ;)

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  3. Caray, eso sí que es ser buen anfitrión, que buen tratamiento te dieron, así da gusto que le inviten a uno a casa...pues la verdad es que es una historia muy "hot" pero creo que lo que más me gusta es el buen rollo y la estupenda relación que tenías y tienes con los dos, eso hace que el sexo sea muy especial y vaya mucho más allá de un simple polvete, tanto para ti que lo viviste como para el que está leyendo tus andanzas. Que te duren muchos años estos buenos amigos y que sigais queriéndoos tanto como hasta ahora.

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    1. Todo tiene su momento y cada polvo es distinto del anterior. A veces un polvete de 'aquí te pillo y aquí te mato' te liberan una adrenalina brutal, otras veces son polvos sin más... Así que cuando se mezclan deseo con ternura, como en este caso, los polvos suelen ser siempre de 10 ;)

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  4. ¿Porque esa reticencia a llamarle poppers al contenido del tarro?¿No lo era?

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    1. Pues porque hace tiempo, en otra entrada en la que hablé de sustancias, me escribieron de una asociación LGTB acusándome de hacer apología de ello. Desde entonces, me gusta medir mis palabras un poco más en lo que hace referencia a este tema. No es por otra cosa.

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  5. Desde luego que me encanta esa continuidad de relaciones, incluso cuando conoces a alguien de cruising y quedas allí solo para sexo. Muy buen relato

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    1. Sí tío, siempre diré que de cruising se conoce mucha gente maja!

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